Lo memorable de 2011: ¿la hegemonía chilena?

Etiquetas

, ,

Javiera Mena en vivo

Javiera Mena en vivo, 2011

Es preocupante que la gente se queje todavía porque no hay bandas que canten en español como las de antes. Parece que necesitan una autorización por parte de otra campaña publicitaria de las grandes disqueras (‘llegó el rock en español’, ‘oye el rock en tu idioma’) para poder llegar a disfrutar algo que no sea Soda Stereo o Caifanes. En esta época en que la música está más a la mano que nunca ese conservadurismo bisoño raya con lo miserable. Llevamos casi veinte años de excelentes discos hispanoamericanos después de la era de las megabandas, pero el oyente promedio quiere refugiarse en los clásicos porque las emisoras comerciales no ofrecen lo nuevo, y si lo filtran esta gente lo considera malo porque ‘se puede bailar’ o ‘es muy tropical’. Para los que quieren pasar por suspicaces las bandas latinoamericanas siempre copian o son ‘derivativas’ (no sé si eso exista siquiera en español). En cambio las bandas del norte sí pueden copiar a los africanos, a su pasado, a su tradición, o sí mismos sin problema. En fin. Dejemos atrás a esta parte del gran público y su miopía y pasemos a lo que vinimos.

En 2011 salieron discos muy buenos en las diferentes escenas en diferentes géneros y tipos, no sólo en rock o pop radiable. Hay de todo para todos: Psicodelia, mezclas de rock y folk, propuestas cercanas a lo acústico y al pop electrónico; hubo rock de garaje, hip hop, pop intimista, post-rock, variaciones locales del indie rock, folktrónica y mucho más. El eterno regreso de lo mismo que campea en en el rock anglo al menos no es tan recurrente en nuestras tierras. Por otro lado, de las tendencias interesantes del 2011 está una que lleva manteniéndose desde el 2010 e incluso antes: la confirmación de la importancia de la escena idie-pop chilena.

Los blogs especializados han fijado su atención en el sonido chileno y con justa razón (En mi lista también van a salir montones, comenzando por Astro, Adrianigual, Fernando Milagros…). La música que se esté haciendo en tierras australes tiene una factura muy bien lograda. Sin embargo los suspicaces nos preguntamos si no estarán pasando cosas igual de interesantes en otras escenas. Si bien el estilo o los sonidos no tienen por qué ser exclusivamente de un país (como bien me lo recordaron acá) está claro que las bandas chilenas han recibido más atención que las de otras escenas.

De la escena colombiana, por ejemplo, sólo se oyen mencionar afuera a Pernett, Frente Cumbiero, Bomba Estéreo y a la excelente Lido Pimienta. Y ya. ¿A qué se debe esto? ¿Se deberá a malas estrategias de difusión por parte de los músicos? Lo dudo. Muchos de ellos han tocado en festivales internacionales (Coachella, SXSW, entre otros). Sin embargo, todavía no aparecen en el mapa del rock latinoamericano (Sólo Frente Cumbiero sale en las listas de lo mejor de 2011, por ejemplo). Tampoco se debe a que sean malas bandas por el sólo hecho de recurrir a sonidos caribeños, no. Entre otros factores positivos, Los músicos locales ya han tenido la oportunidad de ver en vivo a lo mejor del rock contemporáneo en sus narices y han podido dialogar con esa música (eso ayuda a dejar de pensar en Queen o Eric Clapton y otros manoseados lugares comunes, empobrecidos y anquilosados). Mi hipótesis para explicar la falta de presencia de bandas colombianas en los blogs y la prensa especializada del continente es otra muy diferente: en el país no hay periodismo musical serio que se tome el trabajo de seguir y explicar a las diferentes escenas y a sus artistas. Los blogeros y periodistas colombianos están más interesados la agenda de eventos, si una banda toca como John Dowland o en las listas de ventas o lo mejor del rock anglo, pero rara vez se toman en serio a las bandas locales. Si no los hacen ellos ¿por qué habrían de hacerlos otros en el exterior?

En los últimos años han surgido muchísimas bandas y solistas que merecen compartir marquesina con lo mejor del continente. ¿Qué hay que hacer para que tengan la difusión que les corresponde?

En la próxima vienen las listas con más discusión sobre esto. Muy pronto

Los discos memorables del 2011: zona templada

Etiquetas

, , , , , , , , , ,

Como saben, esto de las listas funciona como recomendación, como insignia, hasta como ejercicio de especulación controlada. Voy a proponer dos listas, una de músicos hispanoamericanos y otra de músicos del circuito anglo. Trataré de conectar con el post anterior: entre los discos que escogí voy a dejar claro cuáles son sus vínculos con el pasado y la retromanía. Sin embargo, ninguna de estas bandas recurre a fórmulas baratas de nostalgia ni a trucos de mercadeo para vender recuerdos (por eso no está Adele, esa copia blanqueada de Amy Winehouse, una brillante copia del soul Motown de comienzos de los 60). Aquí van los mejores discos anglo para comenzar (con la ayuda del caótico Grooveshark y del comercial Spotify):

James BlakeJames Blake

En este disco hay una desorientadora mezcla de soul, pop preciosista y electrónica minimalista con estructura dubstep. Blake logra juntar lo mejor de todos estos mundos en su debut, creando atmósferas muy particulares que empatan de maravilla con su voz, ocasionalmente pasada por el vocoder. Lo más cercano a algo realmente original de lo que oímos por aquí este año.

My Morning Jacket – Circuital

Después de el desafortunado Evil Urges, My Morning Jacket volvió a sus mejores épocas, volvió a su querido Kentucky, intercalando himnos de estadio, baladas no tan melosas y evocaciones al alt-country que ellos ayudaron a asentar junto a Wilco hace ya una década. Americana, rock, folk y hasta soul juntos en el empaque apropiado.

The Horrors – Skying

Después de un disco como Primary Colors uno esperaría un poco más del mismo estilo, más Chameleons mezclados con Jesus and Mary Chain, pero no. Las comparaciones con Tears for Fears y Simple Minds se quedan cortas, las atmósferas y el énfasis en el ritmo sin afanes van más allá. Probablemente la culpa la tenga el otro proyecto de Faris Badwan con la soprano Rachel Zeffira, Cat’s Eyes, que consiguió otra perla sonora el año pasado.

PJ Harvey – Let England Shake

Uno de los pocos discos de este año conectado con el espíritu de los tiempos (agitados, críticos)  sin mucha alharaca ni bullicio. Los referentes de PJ van aquí desde el orientalismo imperial británico a la guerra y sus consecuencias, llegando hasta las mezclas de world music y rock tan típicas de los 80. Ver a Harvey tocando este disco en vivo como un fantasma victoriano me permitió confirmar la delicada potencia de este nuevo clásico. Los que le pedían otro disco feroz como Rid of Me se pueden ir al carajo.

John Maus – We must become the pitiless censors of ourselves

Lo que puede hacer un profesor de filosofía política cuando hace música, inspirado por la ciencia ficción. Maus explota a fondo los sonidos de la electrónica análoga post punk, creando densas cortinas de sonido que van de lo poético a lo absurdo, con innumerables  ecos y delays de fondo. Una joya del synthpop de comienzos de los 80, creada en 2011.

Bon Iver – Bon Iver

Vernon, alias el astuto Bon Iver, ha sumado todo lo que ha ido aprendiendo de los artistas con los que ha trabajado desde su primer disco (For Emma, Forever Ago). Más allá del folk de su primera época, Vernon ha incorporado loops, vientos, pedales y voces pasadas por auto-tune a su sonido falsamente campirano. Todo un sentimiento, como dicen por ahí.

Lykke Li – Wounded Rhymes

Los suecos son robots sin sentimientos. Por eso esta versátil cantante repasa en este disco sus desamores al son de la rumba tribal inspirada en Bo Diddley, el pop dulce y el folk delicado, dejando expuesto su corazón en el proceso, y logrando probablemente de paso sacar un par de demonios de su pasado. Aunque tiene un pie en el comienzo de los 60, la mezcla con sonidos contemporáneos resulta refrescante y honesta.

Fleet Foxes – Helplessness Blues

Después de su primer disco, un pequeño clásico de la década anterior, podía esperarse algo menos rimbombante, menos barroco, igual de delicado pero igual de contundente. No lo hicieron. No hay nada cercano a White Winter Hymnal, pero igual celebramos su búsqueda de variaciones de la mano del barroquismo Beach Boys y la psicodelia acústica. Este disco puede tener más capas que una milhoja pero el conjunto es igual de sabroso.

The Weeknd – House of Balloons

Que viva la autogestión, compas, más si es para lograr un disco como éste -junto a sus otros dos discos hermanos. The Weekend (o Abel Tesfaye, un canadiense de ascendencia etíope) podría estar inventando el nuevo R&B de la década a punta de mixtapes difundidos por internet como si fueran memes de gatos. Las fuentes de este disco van de Cocteau Twins y Siouxsie and the Banshees al Chillwave. ¿Para qué siguen quejándose las disqueras?

Anna Calvi – Anna Calvi

Si Calvi participara en un festival vallenato, su lista de agradecimientos tendría a gente como los compadres Brian Eno y Nick Cave. Lo bueno es que Calvi va más allá de las buenas referencias. Casi una diva retro, dueña de un particular estilo en la guitarra, resulta perfecta para bandas sonoras de David Lynch. Su voz y su música son un medium que invoca y trae de vuelta al rockabilly cincuentero y al Scott Walker de los sesenta con toques de flamenco. No sólo comparte con PJ Harvey a Rob Ellis, su productor, también la potencia de su voz y los diferentes matices que puede lograr con ella. No es difícil prever buenos augurios.

Kurt Vile – Smoke Ring For My Halo

Filadelfia tiene mucho más que ofrecer que estereotipos de boxeadores. Desde su primer disco, Vile ha demostrado ser un excelente re-creador de ambientes urbanos nocturnos y densos. John Agnello, el productor de Dinosour Jr, le da una mano en el proceso con excelentes resultados.

¿Lo mejor de 2011?

Etiquetas

Retromanía en el año de la revolución

Retromanía en el año de la revolución

Uno esperaría música a la altura de este año en el que la historia se aceleró de semejante manera. Durante este año de desmadre político y económico, el año de la primavera árabe, el auge del anarquismo Ocúpalo-todo, los movimientos estudiantiles en Chile y Colombia, la crisis financiera europea, terremotos nucleares en Japón, racismo anti-presidencial en Estados Unidos, etc los mejores discos no fueron ni revolucionarios, ni telúricos, ni devastadores. La onda retro mantienal rock en una especie de animación suspendida. La mejor forma de explicar ese fenómeno heredado de la década pasada es leyendo un nuevo clásico, Retromania de nuestro admirado Simon Reynolds. Pop will Eat Itself dejó de ser un nombre complicado de una banda de culto para pasar a ser la descripción del estado de cosas en la música contemporánea, incluso en el zeitgeist de la era de Internet. Piense en Youtube y el viaje permanente al pasado y la nostalgia en todos los frentes culturales: tv, cine, música, publicidad. Esa es la marca que define la década pasada.

La tendencia a la parodia o el homenaje intencional de viejos géneros pasó de ser un recurso a una fijación. Hemos tenido nuevas bandas retro synthpop de los 80 sonando por más tiempo de lo que duraron las originales. Aparecieron más bandas retro shoegaze en la década pasada que las que surgieron al comienzo de los 90, cuando el género renovó el indie rock. Pero Reynolds no detiene su análisis de la fijación por la nostalgia en la música y sus estilos. La retromanía también pasa por el regreso de numerosas bandas representativas del pasado, despojadas de su poder creativo y condenadas a repetir el sonido que las hizo alguna vez originales, convertidas ahora en bandas tributo de sí mismas. La museificación gradual del rock es otro síntoma de este panorama general de animación suspendida. Reliquias y memorabilia de 50 años de rock circulan en Ebay y se exhiben en museos por géneros o épocas, incluyendo a los viejos punks y su espíritu iconoclasta. La renuncia de los Sex Pistols a su lugar en el museo de museos del rock, el Rock and Roll hall of Fame, resulta bastante significativa en este contexto.

No resulta sorprendente que el personaje más representativo de esta época sea el hipster, un individuo que navega por las diversas interpretaciones del pasado sin mucho espíritu crítico, una especie de flaneur estilístico. El hipster no solo está entrenado para navegar en los diversos microgéneros del indie contemporaneo y sus diferentes fijaciones en el pasado. La caza de música popular retro -o no tan retro- de la periferia también está en la agenda. El regreso de la cumbia de los años 60 y 70 viene de la mano con el ‘rescate’ del funk del África occidental.  Esta búsqueda de música pop exótica, sin embargo, se detiene en sonidos que a la larga no son tan ajenos para el coleccionista. Tampoco para el músico. Recordemos lo que ha hecho la world music en el rock y pop anglo desde mediados de los 70. Dice Reynolds respecto a la xenomanía, la fijación romántica por lo extranjero, lo lejano:

If our own rock and pop traditions seem stagnant and stalled, their forward motion obstructed by the sheer accumulation of glorious history, it could be that one way to escape the dead end is to step sideways. Get yourself outside the Western narrative altogether and explore all the elsewheres now accessible like never before”

“The thing about Orientalism/xenomania/tourism, there’s plenty to critique about it for sure, but it’s better than West-is-best-chauvinism/xenophobia/insularity…

Una vez más la música de la ‘periferia’ viene a salvar del estancamiento a la música de las viejas metrópolis. (Lo curioso es que el curso de los cambios políticos que vivimos sigue el mismo patrón de retroalimentación sur-norte) Robin James complementa el análisis de la retromania/xenomanía hipster y sus vínculos con el orientalismo, ese viejo y manoseado concepto de las ciencias sociales:

So, contra Reynolds, I don’t think you can separate xenomania from retromania via a simple, too-neat dichotomy between space/geography and time/nostalgia. Postcolonial space signifies, in the West, both distant space and distant time. The “Third World” is third because it is at least two places behind the so-called “First” or “developed” world. It is both far away and backwards. Just as Enlightenment political philosophers treated “America” as the “past” of which Europe was the “present” (e.g., in considering whether “America” was “the state of nature”), xenomanical hipsters treat “Third-World” pop as the “past” that they then translate into the Western avant-garde (note the connotations of future-orientation here).

Mientras la retromanía orientalista se convierte en una salida al estancamiento en los centros de producción cultural del primer mundo, extrañas reproducciones tropicales de esos hipsters se escandalizan cuando un festival latinoamericano como Rock al Parque propone un cartel con algunos invitados que hacen rock abiertamente negro y rumbero, cercano al hip hop o al dance. Los rezagos del colonialismo siguen pegando abajo.

Para concluir: lo mejor del 2011 en el norte o el sur tiene que ser esa música que trató de deshacerse de estas estructuras románticas de revisión del pasado o de la periferia, o bien la música que aprovechó a fondo esos amplios recursos de la era de Youtube, con un ojo puesto en el cambiante espíritu de cambio que trae esta época.

El noventa y uno, veinte años después

Me gustaría decir que oí toda la música que dejó el 1991 al instante que salió, pero estaría mintiendo. Participé en diferido de ese gran año para la música, a veces oyendo esos discos con meses de diferencia y en otros casos con años, casi décadas de distancia en el tiempo.

En 1991 la forma más inmediata de adquirir información sobre lo que pasaba en la música eran los programas especializados en la radio, en emisoras comerciales o universitarias. Recuerdo que durante ese año afiancé mi afición por las emisoras universitarias, en especial por las múltiples versiones de la historia del rock, siempre tan incompletas, siempre tan rockistas y conservadoras.  La música nueva no se descargaba ni se oía antes de que saliera al mercado. Las tiendas especializadas traían música nueva pero sólo después de cierto tiempo, a menos que fueran novedades de una banda consagrada.

La histórica Spin de Diciembre del 91

La histórica Spin de Diciembre del 91

Otra forma de estar al tanto de las novedades, una muy efectiva pero más densa, eran las revistas importadas. Lo mejor era el aura de misterio y la curiosidad que despertaban; hablaban de montones de bandas y artistas que no pasaban por emisoras y sólo algunas veces estaban en las colecciones de amigos y conocidos. Cada vez que hojeaba las revistas de música de la Librería Francesa o de la Librería Nacional, se abrían más incógnitas. ¿Cómo sonarían Teenage Fanclub o Cranes? ¿Por qué nombraban tanto a Hüsker Dü? La primera revista que compré y estudié como si fuera un manual universitario fue el resumen de 1991 de la Spin. Recuerdo haberla pedido a las bodegas de la Librería Francesa meses después de que estuviera en exhibición. Las bandas a las que se referían las listas del año, las reseñas y hasta la publicidad se convirtieron en mi carta de navegación durante muchos años, y coincidieron con lo mejor de una época que se acababa y de otra que apenas comenzaba: el final del college rock y el comienzo de la ola alterna.

Aunque el 91 se suele vender como el año en que despegó el grunge, el conjunto de discos memorables de ese año fue mucho más amplio. Del viejo college rock ochentero llegaban algunos grupos tranformados en nuevos productos de multinacional: el REM de Out of Time, por ejemplo, era una versión empacada para el gran público de la que fue posiblemente mejor banda de los ochenta en EU; en el otro extremo del espectro sónico, Metallica hacía algo parecido con su Black Album. Otros, como los Pixies de Trompe le Monde acababan su ciclo creativo, mientras los U2 del maravilloso Achtung Baby lograban renovarse creativamente hablando y recargar baterías para otra década. No les serviría  para más tiempo.

Lo mejor del 91 llegaría con quienes venían a innovar a partir de la herencia del indie ochentero y sus numerosas corrientes -aunque muy poco de eso logré oír ese año. Screamadelica de Primal Scream, Blue Lines de Massive Attack y Loveless de My Bloody Valentine crearon escuela de verdad, con una línea de influencia que todavía se mantiene: mezclas de rock con electrónica bailable, Trip Hop y sus variedades, decenas de bandas shoegaze. Adventures Beyond the Ultraworld de The Orb, Spiderland de Slint y World Clique de Dee-Lite podrían oírse como iniciadores de nuevas tendencias en la electrónica, el math rock y la rumba global, respectivamente. A Teenage Fanclub no lograría oírlos hasta mediados de 1992, gracias a un cassette importado. Los ecos del Bandwagonesque y su amalgama de grunge, Big Star, The Byrds, Neil Young y el feeling escocés todavía resuenan en Yuk y otras bandas del indie contemporáneo.

Del grunge de Seattle -ese hijo bastardo del punk y el rock de los 70- salvo Nirvana no oí nada hasta comienzos del 92, pero sí había oído algo de sus precursores en emisoras universitarias como Sonic Youth, Dinosour Jr, hasta creo que pusieron algo de Mother Love Bone en algún programa de la Javeriana o de la Unal.

Del noventa y uno hispanoamericano también quedaron álbumes cruciales para lo que venía. Mundo Feliz de Fobia y El circo de La maldita vecindad  ayudarían a seguir afirmando la calidad del nuevo rock mexicano. Ambos llegarían el año siguiente a los bares alternos.  El 1991  colombiano dejó dos discos que ayudarían a abrir nuevos caminos, nada más ni nada menos que Orden público alterado de Hora Local y  el disco epónimo de Estados Alterados.

Desde ese entonces pocos años han logrado tal cantidad de discos innovadores, de quiebres sísmicos en la industria. Pienso en 1997, 2001 y 2010, pero de eso me ocuparé luego.

Lo memorable del 2010 II

1. Pop deliciosamente empalagoso y elaborado (del que asquea a metaleros y rockistas)

Denvër, ‘Música, gramática, gimnasia’

Techno para bailar cantar y evocar la juventud pasada y presente. Otra joya chilena de pop fabuloso, producido por el gran Christian Heyne. Tiene todos los ganchos que llevan a escuchar un disco una y otra vez, en espirales de placer auditivo. Mariana Montenegro y Milton Mahan mezclan en un balance recursivo voces masculinas y femeninas, ritmos, atmósferas, texturas, sin necesidad de barroquismos. Si no lo ha hecho búsquelo y óigalo de inmediato.

2. Jóvenes que descubren y perfeccionan el noise rock con sensibilidad pop

Triángulo de amor Bizarro, ‘Año Santo

Después de hacer una  de mis canciones preferidas de la década pasada, “El fantasma de la transición”, y un gran disco debut, esperaba mucho de ‘Año Santo’. La expectativas fueron superadas sin problema. Rock de guitarras arrasadoras y a la vez melódicas con letras perfectas para diversas situaciones, incluyendo malos viajes con drogas blandas,  amores intensos y absorbentes como vampiros, cavilaciones sobre el imaginario de la Edad media, conflictos entre el deseo y la educación católica, misticismo lisérgico, animales totémicos, primeras comuniones, abducciones.  Muchos los comparan con los Pixies y yo no puedo oponérmeles.

3. Un Artista carismático, brillante, difícilmente clasificable

Janelle Monae, ‘The ArchAndroid’

Mi descubrimiento del año. Este disco conceptual ultra-pretencioso no tiene canción mala. La mezcla de estilos, desde el hip hop y el soul hasta el viejo glam y la electrónica contemporánea funciona de maravilla por sí misma, pero además está enmarcada por una historia de ciencia ficción que le da aún más coherencia: Monae personifica a Cindi Mayweather, una androide enfrentando su destino en el planeta Metropolis. Este es el tipo de música que uno espera detrás de divas pop como Lady Gaga. En todo caso Monae no se queda en la forma, ni en la ropa o los escenarios pseudo-vanguardistas para lograr lo más cercano a un nuevo clásico contemporáneo.

4. Disco para bailar (sin lugar a culpas posteriores)

Rita Indiana y Los Misterios. ‘El Juidero’

El merengue soñado, con letras inteligentes, deliciosamente bailable, en contacto con diversas tradiciones de la cultura popular actual.  Una vez ubicado dentro del universo literario de Rita Indiana y su cariño por la variación lingüística dominicana, las letras lo llevan al caribe urbano y sus identidades mixtas. Brooklyn, Santo Domingo, Miami cantando al tiempo. Si usted es un inmigrante listo para volver o que ya volvió, va a entender lo que significa dejar un cuarto de cojón en el proceso.


5. Techno retro con letras intimistas amado por la comunidad gay

Javiera Mena, ‘Mena’

La paleta de estilos de ‘Mena’ incluye desde música disco estilo Giogio Moroder  hasta toques de Dream pop y plancha tradicional, amalgamado con electrónica cercana al mejor New Order. La música evoca otras épocas gracias a ese cruce de pop retro, pero no se queda ahí gracias a las letras intimistas de Javiera.  Otra chilena en la lista, otra producción de C. Hayne.

6. Algo que supuestamente sólo oigo yo, y que sorprenderá al lector despistado

These New Puritans, ‘Hidden’

En su primer disco eran otra banda del revival post punk. Ahora hacen electro pop contemporáneo mezclado con un Timbaland druida y bandas sonoras seriales de Michael Nyman. Un comienzo instrumental extravagante es la introducción ideal a diez canciones con ritmos de batalla tribal y letras oscuras que involucran astrología, ecología, filosofía griega, bosques antiguos y pieles de animales.  Sabroso. Después de oírlo dan ganas de saquear la aldea vecina. Lo mejor del año para NME.

7. Raperos brillantes, que no sólo están obsesionados con el ghetto

Kanye West, ‘My Beautiful Dark Twisted Fantasy’

No se necesita amar al hip-hop para admirar este disco. Kanye West se expone inteligentemente, usando diversos recursos sin dejar atrás su productiva egolatría. Esta vez la experiencia y la madurez pilotean esa egolatría. Su estilo se ve más pulido que en otros discos y el fraseo característico de West va de lo romántico a la queja y la melancolía sin problemas. Hay canciones bailables como “Power”,  perreables como “Hell of a Life”, graciosas en su patetismo grandioso como “Runaway” o  ”Blame Game”. Este disco es el hip hop autorreferencial e irónico en su mejor nivel. Rap que se sabe buen rap sin falsa modestia.

8. Viejos decrépitos de carrera impecable

Grinderman, ‘Grinderman 2’

Así suenan los auténticos rockeros decadentes cuando llegan a los cincuenta. Nada de cantarle a las virtudes de la juventud aniñada. La crisis de madurez no se soluciona volviendo al esplendor de los ventitantos. Hay que celebrar el presente y la experiencia capoteando la rumba pesada. Nadie nos quita lo bailao. Si no me cree pregúntele a esta gente mientras oye el disco. Además, su esposo ya nunca le va a decir lo que Nick Cave le está cantando, mi señora.

9. Indie universalmente aceptado y venerado

The National, ‘High Violet’

Esta banda viene a ser una mezcla de Wilco, Joy Division y diversas corrientes del indie cercanas al country rock, sin poder ser definido como una derivación de ellas. Estas son canciones sobre gente corriente en la ciudad y sus asuntos de entre semana, sus dramas y angustias cotidianos,  incluso de sus alegrías. En “Bloodbuzz Ohio”, por ejemplo, la voz grave de Matt Berninger le canta a las deudas que consumen a cualquier miembro de la clase media (“I still owe money/ To the money/ To the money I owe”) pero lo hace en una forma en que los miedos cotidianos parecen adquirir un ligero matiz épico.

10. Dreampop sin lugares comunes

Beach House, ‘Teen Dream’

Una voz madura envuelta en atmósferas entre angelicales y lisérgicas. Los preferidos para englobarse en el café de confianza mientras hace de cuenta que lee o escribe.

Música memorable del 2010 I

A pesar de haber sido un año de mierda, la música, más que nunca, ha sido un buen aliciente para seguir adelante. Hay que dejar en claro que la música de este año ha sido muy buena. Siguiendo los consejos de este método y de esta otra lista,  este es un intento por hacer una lista de lo mejor de este año en dos entregas.

Debo adelantar que este año no es necesario llenarse de un falso chauvinismo para decir que gran parte de lo mejor de este año lo hicieron bandas que cantan en español. ¿Recuerda lo que se hacía en México a comienzos de los 90? Desde hace un buen rato los chilenos sacan buenos discos uno tras otro, bandas con personalidad, una estética más o menos definida, gracias a un productor estrella, Cristian Hayne, el bajo de los recordados Christianes. Me pregunto cuál será el papel de la prensa allá para lograr semejante escena.


10 1/2.

Redentores o mesías de moda

Arcade Fire, ‘The Suburbs’

La línea Springsteen se mantiene, como en el anterior. La actitud mesiánica cool también, pero siguen manteniendo el buen nivel.

11. Algo europeo

Robyn, ‘Body Talk’

Menos mal los suecos son fríos, malos para bailar y expresar sus emociones.

12. Mujeres que causen desasosiego, sentimientos encontrados

Warpaint, ‘The Fool’

Encantadoras mujercitas. Las favoritas de todos. Vea por qué en este acústico:

13. Algo de rock nacional

Velandia y La Tigra – Oh, Porno!

La mezcla de géneros, el humor negro, la estética definida, la fuerza. ¿Qué más quiere?

14. Fui a verlos en concierto, luego deben ser buenos

Teenage Fanclub – ‘Shadows’

Power pop del mejor, alimentado por 20 años de experiencia al servicio del legado de Big Star y los Byrds.

15. Algo Folk, cerebral, introspectivo, confesional y al mismo tiempo tarareable

Gepe  - ‘Audiovision’

Otro chileno produciendo pop de excelente nivel, en este caso menos folk que sus anterior disco, más recursivo.

16. Concesión para el pop de emisora

Gorillaz, ‘Plastic Beach’

Sólo Damon Albarn puede juntar a la mitad de The Clash  con Lou Reed, Bobby Womack, De La Soul, etc. y hacer que suenen tan digeribles.

17. Algo británico que no sea Oasis pero que se le parezca

The Coral, ‘Butterfly House’

Los sucesores del sonido Stone Roses, unen la tradición psicodélica mancuniana con el viejo brit-pop guitarrero.

18. Rock de garaje aguado con otro género. Blues, por ejemplo

The Black Keys, ‘Brothers’

Nadie necesita a los White Stripes de vuelta.

19. Viejos que no necesitan reseñas amañadas

Neil Young, ‘Le Noise’

Hace rato que Neil Young no cede. Y sí, el mundo es una mierda

20. Artistas con problemas personales

M.I.A., ‘/\/\/\Y/\’

No, M.I.A. no es una ex guerrillera Tamil, ni fue pobre, ni vive como la gente normal. Igual tiene todo el derecho de seguir criticando al ‘sistema’ y de hacer videos polémicos. Que viva la nueva Madonna del global south!

Extras:

21. Minorías raciales no tradicionales

La ola que quería ser chau – ‘Películas caseras’

Hubo una vez un país llamado Argentina, en el que se hacía buen rock por montones. Ahora al parecer sólo quedan dinosaurios mediocres y bandas como La ola y Banda de turistas. Apoyemos las minorías.

22. Algo africano

Vampire Weekend, ‘Contra’

Los niños bien de Manhattan saquean la música africana y la convierten en pop de cámara. El método no es nuevo -¿recuerda Talking Heads?-, pero el resultado es encantador.


Coda a los cañonazos con Pixies

 

Gouge

Gouge

El problema de Fool the World y Loudquietloud – A Film About the Pixies es que uno queda esperando más información sobre la música, a pesar de que recibe toneladas de información sobre los intérpretes. No es el caso con Gouge, el documental de Robin Mahoney para el dvd Pixies , en el que P. J. Harvey, Thom Yorke, Johnny Greenwood, David Bowie, Graham Coxon y Alex James de Blur, entre otros. Todos los miembros de la banda participan, excepto Kim Deal. Los músicos y periodistas van más allá de la adulación estándar estilo VH1, y comentan sus experiencias con la banda  mientras analizan su música, sin llegar a profundidades arcanas. La forma como Bowie describe los aportes estilísticos de la banda es particularmente iluminadora. Después de todo, hasta él quiso tener sus propios pixies.

Cañonazos bailables con Pixies

Etiquetas

Pixies, circa 1989

Pixies, circa 1989

En esta época de fin de año se suele poner el espejo retrovisor para recordar buenos tiempos. Las alegrías de otros diciembres. Este diciembre en particular no tengo nada que celebrar, primero. Segundo, en otros diciembres generalmente me aburrí como una ostra, simulaba diversión en familia o me emborrachaba tontamente. Lo del retrovisor en diciembre no funciona para mí.

A la hora de recordar fiestas y tiempos felices hay una sola palabra que aparece en mi mente desde hace casi veinte años: Pixies. Los he brincado, bailado, tarareado hasta más no poder con mis amigos, solo, en pareja, en bares, discotecas, hogares. Su música, esa afortunada mezcla de las atmósferas oscuras del post punk británico, el surf rock y del agresivo punk rock del este de EU, se convirtió para mí en un sinónimo de ‘celebración’.

'Jode al mundo', la biografía oral de los Pixies

'Jode al mundo', la biografía oral de los Pixies

La reunión de la banda en 2004 supuso el fin, sin excesos, del carácter reservado tan característico de sus miembros. Las razones de la disolución de la banda a comienzos de 1993 dejaron de ser un misterio o la causa de especulaciones. Una entrevista en clave de historia oral, escrita por Mark Spitz para la Spin en 2004, revelaría detalles sobre la dinámica de la banda y sus problemas en esos cinco años de giras y grabaciones casi sin pausa. Otro proyecto en clave de historia oral, Fool the World (2006), escrito por Josh Frank y Caryn Granz, amplía esa historia aún más. Ambas pasaron por fin por mis manos.

Ambos proyectas involucran a otros personajes implicados con la banda, desde Ivo Watts, la gloria de 4AD, hasta los ex esposos de Thompson y Deal, pasando por sus productores Steve Albini, Gil Norton, sus managers y algunos músicos relacionados. Especialmente en el caso de Fool the World se trata de una historia de la banda sin elementos externos. No hay un análisis detallado de sus canciones ni de sus influencias.

La primera parte del libro es entrañable. Sus inicios en Boston, luego del legendario aviso en el que Charles Thompson -alias Black Francis- y Joe Santiago convocaban a un bajista al que le gustaran Husker Dü y Peter, Paul and Mary. La aparición en escena de la carismática Kim Deal; Sus primeros conciertos en la escena bostoniana; la grabación de las míticas Purple Tapes en los Fort Apache Studios, la entrada a 4AD de la mano de Throwing Muses. Todo es unión y camaradería. Las personalidades que en ese momento aportan al todo más tarde serán la causa del colapso. Luego viene la grabación del Come on Pilgrim donde las cosas empiezan a cambiar lentamente. Los detalles más interesantes del libro creo que están en el siguiente segmento, el de la grabación del Surfer Rosa. Steve Albini no los respetaba mucho, precisamente. Los consideraba un banda más de “blandly entertaining college rock”. Sin embargo, puso a su disposición múltiples técnicas como ingeniero para lograr su álbum más crudo, el último en el que Kim Deal aportaría significativamente. Otra cosa serían los Pixies bajo Gil Norton o bajo el sol de Los Angeles cantando sobre Ovnis en el Bossanova y el Trompe Le Monde. Ahí tienen “Gigantic” en sus dos versiones para pensar esos otros Pixies que no se dieron.

La historia se mueve dentro de tres patrones básicos: primero, el éxito de los Pixies en Gran Bretaña y Europa, donde las revistas más influyentes celebraron su trabajo abiertamente -Melody Maker y NME los apoyaron desde el comienzo. Al otro lado del charco encontraron una audiencia que entendía su ambigúedad y su ironía, lo cual se corroboraría después del Doolitle, cuando disfrutarían de grandes festivales, con miles de personas coreando sus canciones.  Por el otro lado, en su natal Boston y en general en la escena indie de EU nunca lograron pasar de banda de culto medianamente popular, sin el mismo apoyo de los medios. Ese patrón se repitiría en cada gira, en cada nuevo disco. Segundo, las rivalidades entre Thompson y Deal, cáda vez más agudas en la medida en que él frenaba la intervención de ella en los procesos creativos de la banda y ella intentaba boicotear presentaciones y grabaciones llegando tarde. Su afición por el licor y la bareta añadirían problemas. Kim Deal seguiría abriendo posibilidades en su alabado proyecto paralelo, The Breeders, ayudada por Steve Albini, quien lo encontraba mucho mejor que los Pixies. Tercero, el proceso de desintegración de la banda se precipitaba en la medida en que los miembros no tuvieron pausas prolongadas fuera del estudio o las giras. A la hora de grabar Trompe le Monde, su último disco, los miembros de la banda prácticamente no se hablaban entre ellos, grababn sus aportes por separado y el trabajo de composición recaía casi por entero en Thompson. Algunos entrevistados llegan a afirmar que el disco parecía más un disco solista de Black Francis con una excelente banda de respaldo. Por ejemplo: imaginen Bird dream of the Olympus Mons cantada por Kim Deal. lvo Watts y Gil Norton lo sugirieron. Thompson nunca lo aceptó. De hecho la voz de Deal apenas si se oye en este disco.

El Zoo TV tour con U2 sería el punto final. La audiencia de los irlandeses nunca se conectó con esto teloneros maravilla, como sí lo había hecho el público seguidor de The Cure un par de años atrás. Casi todos estaban comprando hot dogs y cerveza mientras los Pixies tocaban. Las ventas de discos tampoco se vieron afectadas, mientras Nirvana ya empezaba a cosechar los frutos del la vieja onda indie. Mientras tanto, ese desgaste acababa de corroer las dinámicas internas. Aunque habían ensayado algunas maquetas pensando en lo que sería un disco siguiente, Thompson les sugirió una pausa por un año para hacer su disco en solitario, hacia junio del 92. En enero del 93 afirmaba en una entrevista con medios británicos que la banda estaba disuelta. Luego envió un fax a cada miembro con pedazos de la entrevista. Y listo. Antes de leer esta biografía encontraba este gesto terriblemente agresivo y pueril. Kim Deal siempre fue mi preferida. Ahora entiendo un poco más a Thompson, aunque no le defendería del todo. Él consideraba a los Pixies como su banda, la proyección de sus ideas dentro de una suerte de dictadura benévola. Los Pixies hacían pizzas, y Deal quería hacer galletas, como dice Santiago en el libro. Esas mezclas y esas tensiones a veces terminan siendo otro White Album, otro Sandinista. No en este caso. En este fragmento de una entrevista para The Guardian en 2008, Kim Deal se encarga de replantear la disputa:

La coda de esta historia es la reunión de 2004. La película Loudquietloud – A Film About the Pixies (2005) le da carne a lo que hemos leído en la biografía oral, pero en el futuro. Las asperezas acaban siendo limadas por el dinero, aunque por lo alto.

Vemos a una Kim Deal polifacética, abstemia y carismática, muy vinculada a su familia. Un Joey Santiago entregado a su trabajo y a su familia (sus bandas sonoras para documentales contienen lo más parecido a un disco post-reunión de los Pixies que podremos oír jamás). Uno acaba preguntándose por qué Santiago nunca logró cuajar un proyecto paralelo fuerte después de os Pixies. Digamos que es un buen soldado. David Lovering sigue siendo en el fondo el empleado de Radio Shack, ahora entregado a la magia -y por un tiempo al valium, luego de la muerte de su padre. Charles Thompson sigue al mando, de manera más tranquila, muy pendiente de su carrera como solista. Todos muy cordiales, incluso a pesar de un lapsus del baterista en medio de su presentación en Chicago. Seis años más tarde siguen igual. Llevan más tiempo aprovechando su leyenda en concierto que como banda en proceso creativo real.

La leyenda se acabó. Vivan los Pixies. Vivan las fiestas.

Ballardiana

atrocity

Portada de 'Atrocity Exhibition'

‘Crash’, la novela de J.G. Ballard (1973), se centra en la perversa relación entre sexo, choques de automóviles y sus consecuencias en los cuerpos humanos implicados. David Cronenberg  hizo una versión para cine de la novela (1996) que por momentos parece ser demasiado glamorosa, incluso plana a comparación del original.

Los desolados espacios urbanos, la máquina como medio para el sexo, la alienación entre otros temas de la novela y de la obra de Ballard ya habían sido traspasados con éxito a otro’ lenguaje. Siguiendo con el viejo vínculo retroalimentador entre literatura y rock, desde mediados de los 70, como pudieron entrever en el post anterior, los músicos del post punk se nutrieron del imaginario Ballardiano y lo conviertieron en nuevos sonidos. Estos músicos influenciados por Ballard buscaron -y buscan todavía-  crear sonidos y texturas afines a esa literatura árida, gris, clínica. No fue una coincidencia que el inorgánico sintetizador haya sido el vehículo preferido de estos lectores para pasar a Ballard al pop.

Esta es una selección de canciones escritas bajo la influencia Ballardiana:

‘Always Crashing with in Same Car’ de David Bowie. Low todo podría ser una banda sonora Ballard.

‘Cars’ de Gary Numan. Una de sus muchas canciones llenas de Ballardismos (Here in my car/Where the image breaks down/Will you visit me please?/If I open my door/In cars)

‘Warm Leatherette’, de The Normal a.k.a Daniel Miller, resumiendo ‘Crash’ en dos plumazos (The hand brake /Penetrates your thigh / Quick – Let’s make love /Before you die).

‘Atrocity Exhibition’ de Joy Division, escrita por Curtiss antes de leer el libro, basándose en otras piezas del autor

La primera fase de Human League le debe mucho a Ballard. Un ejemplo de su sonido Sci-Fi, ‘Disco Disaster‘:

‘Video Killed the Radio Star’ de los Buggles, basada en otra historia corta de Ballard, The Sound Sweep

‘Airbag’ de Radiohead en su disco distópico por excelencia, esta es tal vez su canción más abiertamente ballardiana (In a fast German car/ I’m amazed that I survived/An airbag saved my life) pero también tenemos Lucky

Mausoleum’ de Manic Street Preachers, incluyendo  un sample de Ballard mismo comentando ‘Crash’

‘Picnic in the Motorway’ de Suede, otra de sus Sci-Fi Lullabies

‘Atlantis to Interzone’ de The Klaxons -en un disco en el que Pynchon, Burroughs y Ballard trabajan al tiempo

‘He Thought of Cars’ de Blur y sus ecos lejanos de Ballard cierra la lista:

El futuro hecho música, ahora hecho museo

Aunque en Synth Britannia se cuenta la creación, ascenso, caída y herencia del Synthpop proveniente de la creativa Albión, el documental de la BBC también viene a ser una merecida oda a J. G. Ballard y su su influencia en las narrativas detrás de la música electrónica. Por otrolado, esta serie es muy útil para enlazar las historias de las bandas más importantes entre los pioneros de la música electrónica y su primera generación de seguidores.

Este reportaje de Motherbooard TV sobre Vince Clarke y su colección de artefactos complementa  la historia del género y su hardware:

Más razones para que Simon Reynolds y Daniel Miller sigan teniendo un lugar privilegiado en nuestros corazones.

Motherboard: Electric Independence – Vince Clarke & the Temple of Synth

Editions of you

The Glimmer Twins, circa 1989

La producción neta de los Rolling Stones en las últimas décadas no ha sido precisamente de la mejor calidad.  Cada nuevo disco después de “Exile in Main Street” trae un par de chispazos de su glorioso y decadente esplendor. Nada más. A pesar de eso, la banda ha logrado navegar entre ese mar lleno de tiburones de su negocio. Giras multimillonarias, tiquetes agotados, buenas ventas de discos mediocres, documental de Scorsese. Dada la mezcla de personalidades dentro de  la banda y los eventos que los han acompañado, su permanencia ha sido casi milagrosa. Igual ha sido su entrada al panteón de dioses venerados del rock. Muchos han sido echados de él por hacer menos.

La recién aparecida autobiografía de Keith Richards ayuda a aclarar cómo los Rolling Stones han sobrevivido a casi medio siglo de excesos. Especialmente para saber  cómo ha sobrevivido Richards tanto tiempo, metido de lleno en ese ritmo mítico de rumba.

Dos artículos muy buenos sirven como introducciones al libro. Ambos son excelentes parodias. En The Guardian, John Crace escribe lo que sería un resumen del libro, tal como lo narraría Richards, mientras que en Slate Bill Wyman -un ‘tocayo’- escribe lo que sería la respuesta de Mick Jagger. Hace mucho no me reía tanto con artículos sobre música.  Las muestras:

Keith

France. Mick was starting to fuck us all off. He got off on flattery. I got off on smack. And how. Exile was epic. Anita looked after Marlon. Yeah, I had a kid. Cool. Perfect accessory for stashing my drugs. I had discovered open tuning. So I played these chords. Mick would sing something in the basement. Bill and Charlie would be in the kitchen. Someone else would be twiddling knobs somewhere. Then someone would move a mike a quarter of an inch. Yawn.

Mick

It is said of me that I act above the rest of the band and prefer the company of society swells. Would you rather have had a conversation with Warren Beatty, Andy Warhol, and Ahmet Ertegun … or Keith, his drug mule Tony, and the other surly nonverbal members of his merry junkie entourage? Keith actually seems not to understand why I would want my dressing room as far away as possible from that of someone who travels with a loaded gun. And for heaven’s sake. No sooner did Keith kick heroin than Charlie took it up. In the book Keith blames me for not touring during the 1980s. I was quoted, unfortunately, saying words to the effect of “the Rolling Stones are a millstone around my neck.” This hurt Keith’s feelings. He thinks it was a canard flung from a fleeting position of advantage in my solo career, the failing of which he delights in. He’s not appreciating the cause and effect. Can you imagine going on tour with an alcoholic, a junkie, and a crackhead? Millstone wasn’t even the word. I spent much of the 1980s looking for a new career, and it didn’t work. If I had it to do over again I would only try harder.

…But let me ask you to imagine yourself, as I was, unimaginably, partnered with the writer of “Satisfaction,” “Paint It Black,” “19th Nervous Breakdown,” “Honky Tonk Woman,” etc. And then imagine that your partner, seemingly overnight, lost some essential part of his talents.

Not, as is commonly supposed, sometime perhaps in the 1980s, when the Rolling Stones’ decline in creativity was on obvious display, but earlier. A lot earlier. Like, say, 1972 at the latest.

Si el libro es la mitad de bueno vale la pena conseguirlo.

Un Escocés doble

una foto de The Vaselines, según mi celular

¿Ver a The Vaselines en vivo? A eso solo podía aproximarme gracias a Youtube o a viejos recortes de prensa ajenos. Ver a Teenage Fanclub en vivo era uno de mis sueños de postadolecente alterno. Su Bandwagonesque fue mi primer disco alterno importado, comprado luego de ver que la Spin lo había nombrado mejor disco del glorioso 91, por encima de Nirvana, My Bloody Valentine, Pixies… Poner su versión de Like a Virgin en mis fiestas durante los 90 me llevaba al paroxismo rockero-universitario.

Un viaje inesperadamente los volvió gente de carne y hueso. Me enteré del concierto gracias a la versión impresa The Onion, mientras esperaba en el metro de Washington DC. Obviamente pensé que podía ser una broma para nostálgicos, pero no. Luego de alterar un poco la agenda de turismo académico de ese día , el concierto se transformó en uno de mis mejores regalos de cumpleaños ever.

Una vez en el 9:30 Club, The Vaselines, una de las bandas preferidas de K. Cobain -Frances el nombre de su hija, viene de la cantante-  tocaron  temas nuevos de su último disco, el primero en 20 años, y claro, sus clásicos. El concierto en general, pero en particular “Jesus Doesn’t Want Me for a Sunbeam”, “Son of a Gun”, “Molly’s Lips” (con Norman Blake de los TF en la corneta) y “Dum Dum” fueron recibidas con una mezcla de asombro, incredulidad y regocijo. Las letras cargadas de referencias sexuales fueron reforzadas con chistes subidos de tono entre Eugene Kelly y Frances McKee, la pareja show-centro de la banda. Stevie Jackson y Bobby Kildea de Belle and Sebastian les acompañaban sin mucho alboroto, en una especie de drem team del indie escocés. Esta fue la parte más rockera del concierto, a pesar de los interludios lentos cuasi acústicos. Era imposible no brincar al son de “Son of a Gun”, a pesar del inexplicable catatonia del público a mi alrededor, en su mayoría blanco y mayor de 40 años.

The Vaselines en el 9:30 Club

The Vaselines en el 9:30 Club

Cuando The Vaselines se bajaron del escenario, luego de “Dum Dum”, me sentía en medio de un trance. El cansancio, la cerveza carísima y la incredulidad eran las responsables. Cuando subieron los Teenage Fanclub la cosa empeoró. Hora y media paseándose por toda su carrera, comenzando por su último disco, “Shadows”  hasta su primer single, en la canción de despedida del encore, ‘Everything Flows’. Debo admitir que no había puesto mucha atención a sus otros discos, salvo los admirados “Grand Prix” y “Songs From Northern Britain”. Nunca les perdoné el que no hicieran otros “Bandwagonesque”, el que no hicieran más discos mezclando guitarras sónicas con power pop estilo Big Star. Esa noche me arrepentí.

Teenage Fanclub en el 9:30

Teenage Fanclub en el 9:30

Ver a la gente meciéndose feliz con “Your Love is the Place Where I Come From”, o el haber coreado a todo pulmón ‘Alcoholiday’, ‘The Concept’ y ‘Star Sign’ durante el concierto va a ser inolvidable, pero lo más sorprendente fue ver su sencillez y contundencia en vivo. Norman Blake puede que sea quien más hable, pero aquí todos componen, todos cantan, todos se divierten.

The Concept

The (power pop) Concept

El resto de su repertorio tiene la consistencia de las buenas bandas de larga trayectoria, pero usando diferentes recursos con dosis apropiadas. Teenage Fanclub son probablemente los mejores herederos de Alex Chilton, pero eso no evita que usen ese otro gran  repertorio power pop, el de los Byrds. De ahí  pasan sin problema a cálidas pinceladas country, como en la bellísima “Sweet Days Waiting”.

Al final, la leyenda que ha estado trabajando durante más de 20 años se mostró mucho más efectiva que la leyenda de vuelta al ruedo hace un par de años. La cara de sorpresa y satisfacción de Frances McKee, parada sonriente a unos metros de mí durante el toque de los Fannies, podría confirmarlo.

Brian Eno no es un dinosaurio

 

Byrne, One Fine Day

Byrne, One Fine Day

Lo último que oí de Brian Eno fue su excelente disco con Davis Byrne. Lejos de ser una segunda parte del experimental “My Life in the Bush of Ghosts”, “Everything That Happens Will Happens Today” es una joya del pop inteligente. No era necesario que reinventaran la rueda, y gracias a (otro) golpe de suerte pude ver cómo Byrne  lo confirmaba en directo, a finales del 2008.

“Small Craft on a Milk Sea”, el último disco de Brian Eno para la mismísima Warp, además de recordar de dónde viene su estatus como uno de los más influyentes músicos de los últimos 40 años, demuestra de nuevo que Eno no es un ningún dinosaurio decrépito. Esta parodia-entrevista ayuda a entender por qué

Eno se ríe de los lugares comunes de las reseñas a sus discos, de la pseudointelectualidad, de sí mismo en su etapa Glam convertido en salvapantallas. Un largo etcétera sigue.

Es que eso de no tomarse muy en serio en ese negocio es la marca de los buenos.

Despedida con Interpol

A falta de un buen mariachi para celebrar el final de ocho años de podredumbre personificada en Álvaro Uribe, tuve que festejar con un concierto de Interpol. Después de todo ellos han sido parte importante de la banda sonora de este oscuro periodo.

Sin embargo, pude confirmar directamente que esta banda tiene rasgos similares a los mariachis, y no solo por sus vestidos negros o sus vínculos con latinoamérica. Como los mejores mariachis la música de Interpol, aunque parezca siniestra o triste, puede servir para amenizar velorios, matrimonios, bautizos, fiestas informales, romances. Muchas otras bandas de negro lo han hecho antes. De hecho todos sabemos que esa mezcla de ritmo bailable, voz grave, guitarras lánguidas pero fuertes y letras melancólicas no es muy original. Interpol sólo le da un interesante vuelta de tuerca a esa línea, alimentándose de lo mejor del post punk. Si las comparaciones con Joy Division son un lugar común, otros más pocos encontramos resonancias más cercanas con los amados Chameleons. Hasta Wire o Gang of Four entran en esa combinación.

Interpol en Northern Lights

Interpol en 'Northern Lights'

Interpol ya ha demostrado que no es solo una banda de homenaje a Ian Curtiss. Estos egresados de NYU agregan marcados tonos rock al sonido despojado de fuentes clásicas de esas bandas. Su sonido, en términos biológicos, tiene más testosterona. En términos musicales, aquí ya no hay guiños a Kraftwerk ni batería motorik, en cambio hay sonidos cercanos al rock indie de los 90. Su estética medio glam y su anglofilia tienden a ocultar esto. de hecho su lexicon se amplía un poco más que esa línea macahacada del post punk, pero sigue siendo un poco limitado y sus exploraciones en los bordes de ese estilo no han sido bien recibidos. Si lo dudan, recuerden ‘Our Love to Admire’. Su sonido ha vuelto por cauces menos alejados a sus dos primeros discos, variando las combinaciones de su lenguaje básico. Para un caso de otros seguidores de Joy Division con un lexicon mucho más amplio, basta con ver a dónde ha llegado The National y sus usos de fuentes tradicionales del canon americana.

La feliz oscuridad nos invade

La feliz oscuridad nos invade

El concierto en Clifton Park, NY, cerca a la hípica Saratoga Springs, dejó ver todo esto y más. Interpol salió de gira con unos teloneros de lujo: The Postelles y Twin Tigers. La mezcla apropiada entre alegría del pop retro y la oscuridad del noise.  The Postelles podría ser el complemento fiestero de Camera Obscura, fiel al sonido del pop de los tempranos 60 via Elvis Costello. Twin Tigers es un combo arrollador de Shoegaze proveniente de Athens, Georgia. Cercanos a My Bloody Valentine pero también a lo mejor del viejo Smashing Pumpkins, mezclaron delicadeza, furia y noise bien amplificado sin pausa, con caras lánguidas que no cambiaron a pesar de nuestros gritos de ‘¡ánimo chicos!’ . A la hora de comprarles el disco demostraron ser amables, incluso hablaron bien de su mentor, Michael Stipe. Ambas bandas son ejemplos de las raíces indie vigentes en Interpol, a pesar de su bautizo en los estadios. Es que Interpol no es The Killers.

The Postelles

The Postelles

Twin Tigers

Twin Tigers

Pasando al concierto, me esperaba una avalancha de canciones nuevas, dado el cercano lanzamiento de su cuarto disco. Pero no. Sólo hubo cuatro nuevas. Success, Barricade el sencillo oficial del nuevo disco, Summer Well y Lights, el primer adelanto en la red. Las nuevas canciones no resaltaron entre las demás. El resto fue un repaso a las favoritas de siempre, incluyendo las mejores del disco anterior. La selección no nos dio reposo, ni emocional ni físico. Banks no dió discursos, salvo una corta autopropaganda sobre sus próximos conciertos con U2 y agradecimeintos a sus dos bandas teloneras de lujo. El resto fue el esperado despliegue de la tensión entre ritmo y materia negra, muy cerca de las versiones en estudio.

Entre las que tocaron, la infaltable Evil, la brincona  Say Hello To The Angels y las dramáticas NYCLeif Ericson y Not Even Jail las esperé con nostalgia; a todas las disfruté con movimientos limitados, los que podría tener cualquier bailarín en medio de un medio de transporte atestado. Obstacle 1 fue el cierre adecuado para el jolgorio. El público, en su mayoría arriba de los 27, disfrutó agradecido la dosis de nostalgia y energía emanada de las casi viejas canciones.

.luz oscura

Interpol iluminado

Sin Carlos D en el escenario el balance de protagonismos cambia. Los tres miembros originales lo comparten ahora, especialmente Daniel Kessler, el centro del show por momentos, interactuando ocasionalmente con el público. Fogarino es una fuerza permanente detrás del sonido de la banda, sin excesos innecesarios, mientras Paul Banks canta y toca casi impávido, sonriendo en las pausas.  David Pajo, el nuevo bajista, no está interesado en hacer fashion shows, ni en emular a nadie. Con una excelente hoja de vida detrás de sus líneas matemáticas de bajo (Slint, Tortoise, y un largo etc.), Pajo cumple sin excesos ni protagonismos. Brandon Curtis (ex Secret Machines), el nuevo teclista, colabora eficientemente a la hora de recrear los atmósferas y susurros que sugieren lejanos órganos Hammond. Entre los dos suplen a Carlos D sin buscar portadas en GQ o Vogue. Para ser una banda con cambios en su formación y con casi dos años fuera del circuito de conciertos, Interpol tocó de maravilla. Nada de baches inoportunos.

Curtis en acción

Curtis en acción

Como ya decía antes en otro post sobre Interpol, estas bandas del revival Post-punk  retoman esa línea estética sin ir mucho más allá de la superficie: si había algo que caracterizaba a bandas como PIL, Magazine, Wire o Pere Ubu era su carácter vanguardista, la forma como asumían riesgos en su sonido y sus afinidades estéticas, enfrentando los clichés de ese entonces. Interpol no apuesta muy duro por el cambio, y sabe que no tiene capital para hacerlo tampoco (piensen en la reacción de los fans con el anterior disco, y en las muecas de la crítica), a menos que los dos nuevos integrantes traigan nuevos aires a los trabajos por venir, lo cual sería muy interesante. El legado de Slint, Tortoise y Secret Machines trabajando dentro del grupo podría traer futuros aciertos, sin necesidad de cambios bruscos.

setlist

El setlist, sin adornos

(Más imágenes y originales de algunas otras)

La sed de las sombras

En la taberna
las sombras alzan vasos de sombra,
las sombras beben sombras de vino,
las sombras tienen sed, sed y mas sed.

Sed de justicia y sed de mal,
sed de caricias, sed de abismo,
sed de belleza y sed de tempestad.

Sed de aventura y sed de piel,
sed de sentido, sed de todo,
sed de existencia y sed de eternidad.

Sed y mas sed es la cuestión
en la taberna de Platón.

Cae bien para enfrentar la ausencia de Lucía. Es solo que encontrar un cantautor como Javier Krahe puede cambiarle a uno la vida, pero su lucidez se hace aun más patente cuando uno se lo encuentra poco después de lidiar con ausencias irreparables.

(turno para) Malcom McLaren

England's Dreaming

England's Dreaming, de J. Savage, probablemente la mejor biografía de los Pistols, incluyendo su historia de McLaren.

La historia más trillada alrededor de los Sex Pistols cuenta que eran una banda sin ningún talento y que su manager les explotó miserablemente. En esta telenovela, los Sex Pistols no fueron nada más que títeres de este ser maligno llamado Malcom McLaren, quien sólo quería dinero a costillas de unos Bakstreet Boys ruidosos.

Otra amable rueda de prensa

Otra amable rueda de prensa de los Sex Pistols, hacia 1977, mientras firman contrato con A&M luego de ser botados de EMI

Todo ese cuento apesta a melómano de tienda de barrio.

Los Sex Pistols fueron estallido de furia, pasión y verdadero espíritu rock, envuelto en un falso empaque de amateurs ineptos. Probablemente el único inepto incorregible de la banda era Sid Vicious, como prueba lo que hicieron todos los miembros después de la fugaz historia de la banda, particularmente PIL, el proyecto de John Lydon. La historia negra del explotador McLaren merece muchas aclaraciones. McLaren trajo algunos elementos peligrosos al punk, que con el tiempo serian cruciales, desde fuentes anómalas: primero desde el mundo del diseño y la moda gracias a su esposa por ese entonces, Vivienne Westwood, y segundo desde la academia. McLaren absorbió interesantes ideas a su paso por diferentes Arts Colleges británicos, especialmente el Croydon College, donde se da el origen del famoso vinculo entre el Situacionismo y el punk. Fue allí también donde McLaren tuvo su breve primavera radical, durante las protestas locales de junio de 1968, junto a otro cerebro cómplice del punk británico, Jamie Reid, el autor de éste ícono

God Save the Queen

God Save the Queen

Si bien McLaren no fue precisamente un ángel a la hora de manejar a los Sex Pistols, su papel protagónico no sólo se dió en los negocios. La imagen y la actitud de los Sex Pistols fue el resultado de un balance entre sus ideas y las de McLaren, un maestro para diseñar escándalos. El punk le debe mucho a ese nivel también. No olvidemos que McLaren había estado ya a cargo de los New York Dolls, a quienes había sugerido tocar con una bandera roja comunista de fondo, con el honorable propósito de levantar ampolla entre los espectadores, quienes de por sí ya deberían estar fastidiados con la pinta de travestis lumpen de los Dolls. Cualquiera que sepa lo que significa la palabra ‘comunista’ para el norteamericano promedio puede imaginarse los resultados. Era apenas 1974.

Red Patent Leather

El 'maoísta' Red Patent Leather de los Dolls

En su etapa post Pistols, McLaren sería el manager de otra banda menos importante como Bow Wow Wow, con quienes diseñó nuevos escándalos publicitarios. Sus proyectos siguientes incluyeron al menos un notable disco como solista -Duck Rock-, participaciones en realities y películas en las que intervino como coproductor. Nada tan intenso como sus días a cargo de los Pistols.

¿Su legado? Sólo un ejemplo. Piensen en Lady Gaga, una de las bisnietas de todo este maridaje incestuoso entre vanguardia artística, política y propaganda que McLaren ayudó a forjar.

Everybody Goes / Leaving those who fall behind

Etiquetas

Los Big Star plenos y sonrientes en la portada de su caja - de Rhino, claro

Otra despedida, a muy mala hora. Me entero por Mr Mustard que Alex Chilton nos ha dejado.

A Chilton lo comenzaron a oir miles en su banda de los 60s, The Box Tops. Ya habrán disfrutado The Letter

Con esto ya tenía para una vida honorable en la historia del pop. Pero lo mejor estaría por venir. Desde comienzos de los 70, Big Star forma  parte de los cimientos del edificio del Power Pop, uno de los más bonitos y mejores construidos de este lado del barrio de la música popular. Alex Chilton y su banda tomarían elementos de otras bandas esenciales del género como The Byrds, The Kinks, The Who (y muchos otros de la invasión británica), mezclándolo con otras influencias como The Velvet Underground, en un momento y un escenario en el que ese sonido no era muy apreciado por el gran público. El tono oscuro que traían algunas de sus letras no ayudaría tampoco. Sus canciones sonaban a cualquier cosa menos a lo que daba el mainstream hasta 1974. Para la muestra, Kangaroo:

A pesar de su relativo fracaso comercial, los siguientes treinta años les darían la razón, comenzando por su impacto en el New Wave y el Post punk a ambos lados del Atlántico, hasta llegar a REM, Teenage Fanclub, Yo la Tengo e incluso Spoon, tan sureños como Chilton. Big Star se había reunido desde los 90 y estaba tocando regularmente hasta hace muy poco, disfrutando del reconocimiento que no tuvieron en los 70.

Con ´Till the End of the Day tenemos un ejemplo de la línea de sonido que va de The Kinks a Yo la tengo, via Chilton y compañía:

El riff sería reciclado por Sonic Youth, un guiño a otra de sus múltiples fuentes

Otro ejemplo es For you, de su Third album, un símbolo de su legado tardío y de su enfrentamiento con la industria disquera

que sería una base para December, de los bienamados Teenage Fanclub,

Gente como Chilton opaca a cualquier gran estrella de cartón, de esas que abundan en las emisoras. Lo extrañaremos.

Werther, Holden, Pink Tomate

guardian

Hay más rock en esta novela que en 100 Ipods juntos

Bien lo dice B. Greenman en el New Yorker: J. D. Salinger fue mucho más para el rock que la inspiración del asesino de Lennon. Su literatura ha influido a decenas de músicos, en sus letras y sus ideas, como pocos otros autores.

Para hacer rock no basta con hacer ruido. Tampoco son necesarias calaveras, mucho más efectivas para asustar a tías devotas. La prueba la podemos encontrar en la obra del finado Salinger. Con “The Catcher in the Rye” ayudó a crear uno de los cánones más influyentes de nuestra cultura, la del joven rockero, encarnado en Holden Caulfield, a pesar de que la historia del personaje no pasa para nada por eventos relacionados con esta música, la cual para 1951 estaba en pañales. Dice L. Lewis en su blog para The Guardian:

I’d argue that, in some sense, Caulfield also set the mould for our modern notion of the rock star – damaged, hyper-sensitive, infinitely cool, creative, hungry for sensation, an authentic voice in a world of phonies. Kurt Cobain, Nebraska-era Bruce Springsteen, Richey Manic, Gerard Way are all Holden Caulfields in their own way. Even Thom Yorke, with his “lost child” shtick, on songs such as Street Spirit (Fade Out) – the thin-skinned loner wandering the streets at night, adrift in a sea of heartless modernity.

l y w

Lolette y Werther. Póngales The Cure de fondo

Sin embargo, Salinger no fue el único creador de modelos rockeros antes de la llegada real del género. El darkwave-gótico-emo Werther de Goethe o el insolente-retro-snob-indie Julien Sorel de Stendhal, son clásicos predecesores del joven rockero en la literatura, un grupo en el que también cabrían un par de personajes de H. Hesse. “Werther” y “Rojo y negro” ayudaron a cimentar la idea romántica del joven solitario, alienado, ligado fatalmente al amor, enfrentado sin esperanza a la sociedad  y a sus valores. Nuestro bienamado Jon Savage escribió un excelente libro sobre la idea moderna del la cultura juvenil, perfecto para profundizar en el tema.

opio en las nubes

Una excelente heredera bogotana de Salinger

Por otro lado, el mundo rockero avant la lettre de Salinger llegó a estas tierras salvajes y se difundió efectivamente gracias a autores como Andrés Caicedo y Rafael Chaparro, abanderados de la literatura impulsada por esa musa rebelde del rock. Excelentes novelas como “¡Que viva la música!” y “Opio en las nubes” han inspirado a su vez a numerosos músicos locales, actualizando el legado de Holden.

Para cerrar, una vieja joya de The Cure, Banana Fishbones, inspirada en un cuento de J.D.

Más música relacionada con Salinger aquíacá.

Una historia de Creation Records

Jesus and Mary Chain, circa 1987

El documental de Danny O’Connor sobre Creation Records va a estar muy interesante. Entre los sellos indie clásicos, la saga de la famosa disquera de Alan McGee es probablemente la que más se acerca al aura romántica y trágica de Factory Records. La lista de bandas que alguna vez estuvieron en su nómina incluye nombres tanto o más influyentes que la de otros titanes independientes como Rough Trade, Matador o Sub Pop. Todo muy oportuno, diez años después de su cierre,  y con muchas de sus bandas de moda por el revival del revival.

Alan McGee's Trip-Club-Bands

Sólo con la historia de la quiebra de Creation con el “Loveless” de My Bloody Valentine y su resurgimeinto con el “Definitely Maybe” de Oasis tendríamos para un documental muy entretenido. Sin embargo, desde 1983 la historia de Creation pasa por muchos otras historias relacionadas con bandas cruciales para la música independiente británica como The Pastels, Jesus and Mary Chain, Primal Scream, Teenage Fanclub, Ride, Felt, Slowdive, Boo Radleys, Super Furry Animals, Saint Etienne…

En este artículo para  The Guardian,  A. Topping deja en claro cómo era el asunto:

The full extent of the debauchery, precarious nature and genius of the independent label is to be laid bare in the most revealing rock’n'roll film since 24 Hour Party People, the story of the “Madchester” scene. Upside Down, due out in spring, reveals the label’s unusual method of making sure new bands came on board, according to [Tim, el antiguo gerente] Abbot. “We often used to drink and drug the bands into submission,” he said.

Queda en la lista de espera, junto a una especie de libro compañero.

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.

Únete a otros 662 seguidores