30
Ene
10

Werther, Holden, Pink Tomate

guardian

Hay más rock en esta novela que en 100 Ipods juntos

Bien lo dice B. Greenman en el New Yorker: J. D. Salinger fue mucho más para el rock que la inspiración del asesino de Lennon. Su literatura ha influido a decenas de músicos, en sus letras y sus ideas, como pocos otros autores.

Para hacer rock no basta con hacer ruido. Tampoco son necesarias calaveras, mucho más efectivas para asustar a tías devotas. La prueba la podemos encontrar en la obra del finado Salinger. Con “The Catcher in the Rye” ayudó a crear uno de los cánones más influyentes de nuestra cultura, la del joven rockero, encarnado en Holden Caulfield, a pesar de que la historia del personaje no pasa para nada por eventos relacionados con esta música, la cual para 1951 estaba en pañales. Dice L. Lewis en su blog para The Guardian:

I’d argue that, in some sense, Caulfield also set the mould for our modern notion of the rock star – damaged, hyper-sensitive, infinitely cool, creative, hungry for sensation, an authentic voice in a world of phonies. Kurt Cobain, Nebraska-era Bruce Springsteen, Richey Manic, Gerard Way are all Holden Caulfields in their own way. Even Thom Yorke, with his “lost child” shtick, on songs such as Street Spirit (Fade Out) – the thin-skinned loner wandering the streets at night, adrift in a sea of heartless modernity.

l y w

Lolette y Werther. Póngales The Cure de fondo

Sin embargo, Salinger no fue el único creador de modelos rockeros antes de la llegada real del género. El darkwave-gótico-emo Werther de Goethe o el insolente-retro-snob-indie Julien Sorel de Stendhal, son clásicos predecesores del joven rockero en la literatura, un grupo en el que también cabrían un par de personajes de H. Hesse. “Werther” y “Rojo y negro” ayudaron a cimentar la idea romántica del joven solitario, alienado, ligado fatalmente al amor, enfrentado sin esperanza a la sociedad  y a sus valores. Nuestro bienamado Jon Savage escribió un excelente libro sobre la idea moderna del la cultura juvenil, perfecto para profundizar en el tema.

opio en las nubes

Una excelente heredera bogotana de Salinger

Por otro lado, el mundo rockero avant la lettre de Salinger llegó a estas tierras salvajes y se difundió efectivamente gracias a autores como Andrés Caicedo y Rafael Chaparro, abanderados de la literatura impulsada por esa musa rebelde del rock. Excelentes novelas como “¡Que viva la música!” y “Opio en las nubes” han inspirado a su vez a numerosos músicos locales, actualizando el legado de Holden.

Para cerrar, una vieja joya de The Cure, Banana Fishbones, inspirada en un cuento de J.D.

Más música relacionada con Salinger aquíacá.

23
Ene
10

Una historia de Creation Records

Jesus and Mary Chain, circa 1987

El documental de Danny O’Connor sobre Creation Records va a estar muy interesante. Entre los sellos indie clásicos, la saga de la famosa disquera de Alan McGee es probablemente la que más se acerca al aura romántica y trágica de Factory Records. La lista de bandas que alguna vez estuvieron en su nómina incluye nombres tanto o más influyentes que la de otros titanes independientes como Rough Trade, Matador o Sub Pop. Todo muy oportuno, diez años después de su cierre,  y con muchas de sus bandas de moda por el revival del revival.

Alan McGee's Trip-Club-Bands

Sólo con la historia de la quiebra de Creation con el “Loveless” de My Bloody Valentine y su resurgimeinto con el “Definitely Maybe” de Oasis tendríamos para un documental muy entretenido. Sin embargo, desde 1983 la historia de Creation pasa por muchos otras historias relacionadas con bandas cruciales para la música independiente británica como The Pastels, Jesus and Mary Chain, Primal Scream, Teenage Fanclub, Ride, Felt, Slowdive, Boo Radleys, Super Furry Animals, Saint Etienne…

En este artículo para  The Guardian,  A. Topping deja en claro cómo era el asunto:

The full extent of the debauchery, precarious nature and genius of the independent label is to be laid bare in the most revealing rock’n'roll film since 24 Hour Party People, the story of the “Madchester” scene. Upside Down, due out in spring, reveals the label’s unusual method of making sure new bands came on board, according to [Tim, el antiguo gerente] Abbot. “We often used to drink and drug the bands into submission,” he said.

Queda en la lista de espera, junto a una especie de libro compañero.

15
Ene
10

Con Haití

Un homenaje al primer país del mundo en abolir la esclavitud, de la mano de Arcade Fire

08
Ene
10

Elvis a los 75

Uno de los iniciadores del maravilloso mundo musical en el que vivimos. El no se inventó la música, ni el ritmo, ni la actitud, pero sin Elvis y la idea de que también los blancos podían cantar rythm and blues negro, con la misma carga deliberadamente sexual, y con la misma actitud de outsiders, usted no estaría leyendo este blog, ni tendríamos tantas fuentes de felicidad gracias a toda esta satánica música rock.

Feliz cumpleaños al Rey.

08
Ene
10

Lista de las listas de la década

Kid A

"Kid A" de Radiohead, el mejor disco de la década por amplio consenso

La primera vez que supe de una lista sobre lo mejor en música fue en la mítica sección de rock del diario La Prensa, hace veinte años. La lista que mostraban y comentaban ahí era la de los mejores sencillos de los últimos 25 años (1964-1989), propuesta por la Rolling Stone. Para la lista de los mejores álbumes  de los 80, apenas si pude conocerla  seis años después, gracias a una copia de esa revista que todavía no he devuelto. Hace diez años tuve que esperar a que llegaran las copias de las revistas apropiadas a la Librería Francesa para saber cómo habían sido organizadas las listas de lo mejor de la música de los 90. Tuve tres fuentes, incluyendo la Spin y la RS.  Esta vez, en 2009, las listas llegaron sin afanes a mi lector rss, el mismo día en que fueron publicadas, y las fuentes son tan numerosas que pueden llegar a agobiar. Aquí está un balance frío, estadístico, de las numerosas listas anglosajonas, gracias a Metacritic.

En últimas,  ¿Para qué carajos sirven las listas? Una respuesta interesante: las listas y los recuentos nos ayuda a luchar contra la muerte y el caos, dice Eco:

The list is the origin of culture. It’s part of the history of art and literature. What does culture want? To make infinity comprehensible. It also wants to create order — not always, but often. And how, as a human being, does one face infinity?

Ante las cantidades inmensas de información con las que tenemos que lidiar a diario en estos atribulados tiempos, lo mejor es acudir a formas de organizarla. Dependiendo de los criterios de organización, cada colección, cada lista, será diferente. En este caso, teniendo en frente diez años de música al frente, ¿Cuáles son sus criterios para decidir qué disco o grupo es mejor a otro? ¿Caprichos personales? ¿Originalidad? ¿Influencia en otros? ¿Capacidad para canalizar o interpretar el espíritu de los tiempos? ¿Ventas? ¿Carisma? ¿Nivel de crítica social y política de las letras? ¿Virtuosismo musical?

Lo más interesante, insisto, es lo que está detrás de esas listas, las razones de esa organización como análisis de lo que pasó en la década. Las peras y las manzanas pueden ser computadas o excluídas aquí. En ese caso los datos en bruto quedan en un segundo plano, al igual que los caprichos individuales.  Es cuando aparecen desacuerdos, polémicas y también consensos.

De las listas a las que acudí para recibir oportuno consejo, y con las que comparé mis cábalas, estas son las que más me gustaron. Aquí hago un breve comentario de lo que creo son sus criterios generales a la hora de organizar sus listas:

Probablemente la que más respeto proviene de la defunta y ahora resurrecta momentáneamente Stylus Magazine. Alguna vez la mejor competencia de Pitchfork en la red, su lista de los singles y de los álbumes viene respaldada por excelentes análisis. Como ejemplo de esto está este pedazo de uno de los ensayos que acompañan el conteo, escrito por Jonathan Bradley, sobre la importancia de internet en la música de la década:

We get so much American music here in the rest of the world that we forget that entire genres of American music barely permeate our consciousness; it belongs to them, not us. Corny country singers and snappin’, jerkin’, hyphyin’, chicken-noodle-soupin’ black kids; New York icons like Dipset and New Orleans aliens beaming mixtape transmissions like Lil’ Wayne; and genuine celebrities like T.I., whose mega-hit “What You Know” only existed as an Internet record for me because, down here, King arrived in stores months after its American release. In the early ‘00s, even emo and indie rock seemed a peculiar, exotic creation of American collegiate culture, as removed from my own experience as any other world music. But through the wonder of copper wire and optical fiber, any mainstream was my mainstream. Any scene was my scene. We lived on the Internet now.

Probablemente muchos lectores se sientan identificados con este párrafo.

Si quiere una lista basada en cánones un poco conservadores, donde el patrón político a veces es sobrevalorado y  los viejos artistas siempre tienen un espacio, a pesar de no hacer nada parecido a sus mejores trabajos, la lista de la Rolling Stone le va a gustar mucho. En todo caso, nunca va a ser tan conservadora como los cavernícolas de nuestra radio o prensa local, que todavía esperan la segunda venida de Eric Clapton. Hay de todo aquí -rap, R&B, rock clásico, indie-, y no se dejan meter los dedos en la boca con el hype. Tampoco quieren crearlo. Es por eso que los Animal Collective no salen aquí en los primeros puestos, y en cambio U2 tiene todos sus discos canonizados.

Si quiere una lista centrada en el indie, con mucho énfasis en lo hype, nuevos géneros, tendencias ultramodernas y la aniquilación de los dinosaurios, la lista de Pitchfork es lo mejor. El problema es que sus criterios para escoger lo nuevo son un poco aleatorios, y la calidad de sus contenidos definitivamente ya no es lo que fue alguna vez. Como siempre, si logra podar el afán de generar de polémica vacía y la originalidad a ultranza, va a encontrar cosas interesantes.

"Original Pirate Material" de The Streets, el mejor para The Guardian

Si usted es anglófilo, como yo, y quiere una lista centrada en artistas britanicos, géneros británicos, tendencias británicas, etc., las listas de The Guardian o de NME van a ser lo mejor. En este caso, la insularidad responde a un patrón cultural y al contexto en el que escriben quienes organizan las listas. Nada de aislamiento esnobista artificial. Por otro lado, y esto es lo más importante, los comentadores detrás de la lista son excelentes, especialmente en el caso de The Guardian.

Illinoise

Illinoise, de Sufjan Stevens, el elegido por Paste

Si quiere una visión más amplia de la música creada en E.U. en la que la producción de la nueva música creada desde las viejas tradiciones  es tenida en cuenta por igual que las nuevas tendencias que vienen de los grandes centros urbanos, lo suyo es Paste magazine: aquí va  encontrar americana por paladas, incluyendo lo nuevo en country rock, folk, guitarristas de cafés, jazz contaminado, además de world music… ha sido uno de mis felices descubrimientos en estas tierras.

Cuatro caminos

"Cuatro Caminos" de Café tacuba, el mejor en hispanoamérica según Club Fonograma

Si tanto anglocentrismo postcolonial le disgusta, si se pregunta quién se ha tomado el trabajo de criticar y organizar la música pop y rock en su idioma durante la primera década de este milenio, hay al menos dos fuentes recomendadas: Club Fonograma y Rock en las Américas. Ambas tienen un amplio espectro bajo su radar, que incluye los clásicos centros de producción musical en hispanoamérica: México, Argentina, Chile, España. Hay algo de Perú, Uruguay, República Dominicana, Cuba, Venezuela y … ya. Al menos no son Miami – L.A. centered:  En Club fonograma escribe un ex Stylus, Andrew Casillas, y el nivel de análisis es interesante. Eso sí, escriben bién, pero en inglés.

La pregunta que queda por hacerse: ¿Quién ha escrito la lista de los mejores discos colombianos de la década? Se supone que en esta década el rock nacional consiguió cierta consolidación, además de éxito internacional, así eso esté centrado en un par de figuras. Si los periodistas musicales estuviesen realmente interesados en las escenas locales ya hace rato habríamos visto algo. Mientras tanto escriben basura como esta.

Todavía estoy a la caza de listas de lo mejor en Brasil, un consolidado de África o Europa continental… Se reciben sugerencias.

05
Ene
10

Sandro

La muerte de Sandro no sólo afecta a las madres y las abuelas que lo disfrutaron, y hasta lo bailaron. Sin un showman como éste el panorama del pop de los 60’s en el cono sur difícilmente habría sido influenciado por el rock. Sandro fue uno de los pioneros del rock, primero, y luego del pop y la balada en Argentina y el continente. Artistas como estos le abrieron campo a muchos otros, no siempre tan innovadores. A su manera y en su contexto fue un transgresor, así el mercado lo amansara rápidamente. La historia de Sandro la han repetido decenas de otros músicos, quienes dejaron la vida en las calles por los escenarios. Su herencia gitana encajó con esa actitud que muchos otros tenían que fingir.

Un par de ejemplos. “Yo te amo” una balada que recuerda el estilo Aznavour,

“Tengo”, un hito del pop latinoamericano,

y la versión de Divididos

04
Ene
10

Camera Obscura en la tierra de Kodak

Eso de vivir en la provincia tiene sus ventajas, incluyendo la posibilidad de no perder la capacidad de sorprenderse. Lo que para cualquier habitante de Brooklyn es habitual, para gente como uno es un pequeño milagro. Y esta vez el milagro fue completo. Desde que oí por primera vez “Loyd, I’m Ready to be Heartbroken”, pensé en ver en vivo a Camera Obscura. Luego de oir su espléndido “My Maudlin Career”,  la cosa se hizo casi una obsesión. A mediados de Noviembre un compañero de clase me comentó que iba a verlos ese día en una ciudad vecina, a un precio increíble. Luego de hablar sobre la banda unos minutos el viaje estaba arreglado. El milagro se había dado. Iba a poder llorar al ritmo de uno de mis discos más queridos en años.

Camera Obscura, por su sonido, a veces parece que podría ser una banda pop de la época pre-Beatles, otras veces suena como un side-project de los músicos de Belle and Sebastian, sus colegas de Glasgow, pero con una cantante al frente. Otras veces suena como una extraña mutación blanca del sonido Motown. Su imagen sintoniza muy bien con ese sonido vintage, evitando clichés burdos: esa noche, la teclista parecía una pin-up recatada, Dunbar y Kenny McKeeve, el guitarrista, lucían un atuendo que evocaba a los jazzeros de los 50. Las letras entran en esa onda deliciosamente llorona que va de Roy Orbison a The Smiths. La banda ha admitido que una de sus muchas fuentes de inspiración son las películas de David Lynch. No me sorprende. Es fácil imaginar su música en las escenas de amor y dolor de “Blue Velvet” o “Wild at Heart”.

Rochester, la patria de la industria fotográfica en norteamérica, queda a dos horas de aquí. Cuando llegamos me sorprendió el teatro en donde lo veríamos, El German House. Prácticamente tocarían en nuestras narices. La banda que abría, Paper Cuts, con un sonido de revival a Galaxie 500, resultó interesante. Al poco tiempo de volver del baño, donde me topé con Gavin Dunbar, bajista y fundador de Camera Obscura, la banda salió al escenario. Sorprendentemente no me hicieron entrar en un mood sentimentalista y nostálgico. En cambio tocaron una tanda de canciones muy animadas, llegando al colmo de lograr palmas coordinadas con el público en “Come Back Margaret”. Todo al parecer debido al festivo de acción de gracias. El climax llegó en tres momentos: la señalada respuesta a “Are you Ready to Be Heartbroken” de Lloyd Cole,  “The Sweetest Thing” y al final, con “French Navy”. Me quedé esperando “Away with Murder”, esa hermosa oda a la autoconmiseración, pero pude oir joyas de su viejo catálogo como “Pen and Notebook”. Nótese la tierna forma como Tracyanne Campbell manda callar al público durante esta canción:

A pesar de la alegría, la melancolía soterrada de las letras cobró sus victimas. Apenas acabado el concierto, al voltearme, encontré a uno de los asistentes secando silenciosa y dignamente sus lágrimas. Yo en cambio no podía de la dicha. Otra razón para no aborrecer el Thanks Giving.

25
Nov
09

Los portales: Sonic Youth en concierto

Debo aclarar que no me voy a referir aquí a ningún conjunto residencial arribista, ni a refritos de ciencia ficción o a usar trucos de difusión científica populista.

SY1

Sonic Youth despliega su poder frente al respetable

De la misma manera que muchas bandas sirven para mantenerse en lugares musicales y culturales muy habituales, algunas otras bandas pueden servir de entrada a territorios nuevos o poco explorados: nuevos sonidos, nuevos referentes musicales, películas y directores desconocidos, hasta nuevas geografías urbanas aparecen cuando uno decide entrar en el mundo de estas bandas. Piense en el mundo que rodea a The Smiths, y los referentes literarios que incluyen a Keats, Yeats y a Wilde; a las películas británicas estilo Kitchen Sink, y al mundo de esa clase media británica a la que retratan. Los fans de estas bandas acabamos metidos en una interesante red de referentes que ayudan a interpretar las canciones del grupo y a brincar a otras redes aledañas, las cuales su vez delinean nuestros propios gustos e intereses creativos. Esta es, palabras mas, palabras menos, la idea del bienamado Simon Reynolds en este artículo de The Guardian sobre Sonic Youth y su último disco, The Eternal. En este trabajo, cada cancion sirviría de ejemplo para explicar las múltiples influencias y tendencias detrás de su carrera, incluyendo a poetas beatniks, pintores músicos como John Fahey, iconos contraculturales alemanes de los 70, el arte de vanguardia y, cómo no, el sonido krautrock de Can y Neu!, una pareja de lujo entre sus influencias.

De hecho, luego de que los oí por primera vez en el 91 en alguna radio universitaria bogotana que transmitió retazos de su Goo, los Sonic Youth me sirvieron de entrada a un mundo que todavía disfruto, y que ya hace parte de mis propios gustos y referentes musicales. La lista comenzó con Nirvana, The Jesus and Mary Chain o My Bloody Valentine y llega ahora hasta Glenn Branca y Steve Reich, incluyendo muchas paradas intermedias. Gracias a bandas como esta puede entenderse cómo el arte y la música de vanguardia pueden servir de inspiración al rock y al pop sin tener que entrar a mundos arcanos y esotéricos diseñados por y para élites autistas. La música de Sonic Youth igual puede pensarse, leerse, brincarse o servir de atmósfera noise agobiante o iluminadora. Y lo mejor es que luego de casi 30 años de carrera su creatividad y agudeza musical siguen siendo tan versátiles como en sus mejores épocas. The Eternal tiene por igual dulces ganchos pop como los de “Antenna” o recreaciones de los experimentos alucinógenos del Krautrock de Can en la coda de “Anti-Orgasm”. Ambos tipos de recursos funcionan muy bien en el disco, pero en concierto son sencillamente impresionantes.

The Feelies

The Feelies, o la historia viva en tiempos de revival

Siguiendo con la línea de señalar referentes y fuentes de inspiración, Sonic Youth se presentó de nuevo con The Feelies, esta vez en un viejo teatro del downtown de Boston, el Wilbur Theatre. Era imposible pedir un sitio mejor para ver a ambas bandas. The Feelies, de vuelta a los escenarios desde el año pasado,  son los autores de una joya del 80, el Crazy Rhythms, y están entre la lista de influencias principales del sonido del viejo REM y de la estética ñoña de Weezer. En el disco son una especie de versión minimalizada de la Velvet Underground, pero en su nueva encarnación en vivo transmiten mucho más. Gracias al recurso de la doble percusión, el juego de guitarras disonantes y melódicas de Glenn Mercer y Bill Million suena mucho más rockero, sin perder su trabajada aura pop. Al final, fue bonito ver a los miembros de la banda ayudar a desmontar su equipo, como si fueran un grupo de principiantes. Nada de humos subidos para un hito resucitado de la historia del indie rock.

El concierto de los Sonic Youth se centró abiertamente en el nuevo disco, con esporádicos saltos a algunos de los albums clásicos del grupo, sin tocar, eso sí, ninguno de sus “exitos” de los 90 -nada de “Kool Thing” o “Bull in the Heather”-  o sus calmadas joyas ambientales de los naughties -me habría gustado oir algo del Sonic Nurse o el Murray Street, ambos mucho más personales. Lo mejor es que las canciones del último disco se defendían muy bien frente a la mayoría de los clásicos, que encajaban muy bien en el repertorio de novedades: fue un concierto de buenas canciones, no una muestra de experimentación sonora.  Aunque Antenna, Sacred Trickster y Anti-Orgasm lucieron bien frente a Tom Violence, Shadow of a Doubt y The Sprawl, ver y sentir en vivo ‘Cross the Breeze y Death Valley ‘69 fue arrollador. Estas canciones sirvieron de muestra del poderoso pasado de la banda, sin lugar a dudas. Una verdadera lección de qué es el buen punk rock.

Luego de tantos años, la dinámica en vivo de la banda dejaba ver cinco músicos muy compenetrados, dejando atrás el manoseado y mesiánico concepto del frontman a quien los otros músicos siguen borreguilmente, como parece ser el modelo U2 según algunos (como si los modelos empresariales caudillistas sirvieran en la música…). Aquí había cuatro frontmen y un bajista que parecía invitado a una fiesta, Mark Ibold, quién se paseaba  con una actitud muy chévere hacia el público, pero sin perder en precisión y comunicación con la impresionante batería de Steve Shelley. Debe ser incluso mejor con su banda original, unos tales Pavement, con quienes va a volver a tocar el próximo año. Respecto a las guitarras, la forma como Lee Ranaldo y Thurston Moore intercalan distorsión, agilidad y creatividad ya es mítica, pero comprobarla en vivo no deja de ser sorprendente. Kim Gordon, por su parte, sigue siendo la punkette más glamorosa de todas, derrochando sensualidad, fuerza o suavidad cuando lo desea, sin necesidad de exageraciones. Es que después de los 50 los músicos deben saber cómo modular sus cualidades, y los equilibrios surgen sin esfuerzo. Tal vez sea esa la razón por  la que no hubo experimentos ni excesos en su presentación, sin perder por eso su agudeza retro-vanguardista.

Aquí les dejo un registro de “The Sprawl” desde una perspectiva un poco lejana, pero no por ello menos intensa, grabada por una adorable fan (si quieren close ups, aquí van a ver montones) :

Con noches como esta, los regalos de cumpleaños tardíos siempre valen la pena.

31
Oct
09

The Beatles en los 70

Buscando información en Internet  sobre la vida de los Beatles, mientras trataba de planear algo para este Halloween, me encontré un par de sitios en los que se referían a posibles reuniones de la banda durante los setenta, y que además enlazaban a la mitología  Beatle con la ciudad donde vivo desde hace dos años, algo notable teniendo en cuenta que no es precisamente un gran centro cultural en el contexto de este país. Estos eventos incluían también la fiesta del cumpleaños 31 de Lennon:

Gracias a estas y a otras fuentes pude confirmar y entender la vacuidad de otro mito beatle: Los integrantes de la banda, particularmente John y Paul, no podían ni verse durante los setenta. Esto haría menos irreal la discusión de cómo habrían sonado los Beatles durante esta época, después de sobrevivir a las crisis de finales de la década anterior. Esto enlaza con otro descubrimiento, una ficción similar a la que aparece en Watchmen alrededor de Nixon.

The Believer es mi revista preferida desde hace rato. Tiene irreverencia, música, crítica, humor y literatura en dosis balanceadas. En el número de julio-agosto apareción excelente artículo de David L. Ulin sobre The Beatles, anticipando lo que sería la fiebre de comienzos de septiembre.  Ulin, quien ha escrito antes un par de libros, ha editado una antología de cuentos sobre Los Angeles y publica sus columnas en The Nation, The New York Times Book Review y Los Angeles Times, desarrolla en este artículo una conjetura bien fundamentada, que esboza en la introducción del artículo así:

The Beatles don’t have to be the band that took the world by storm. Or maybe they are, but didn’t fall apart; maybe Abbey Road or Let It Be—depending on your dissolution myth—doesn’t have to be the final word. This is the other version of the fantasy Beatles, equally shadowy and indistinct. What if they had stayed together and made records until John decided to become a househusband in 1975? It’s not entirely out of the question: by the mid-1970s, John and Paul had come to an accommodation. They were together the night Lorne Michaels jokingly offered the Beatles three thousand dollars to appear on Saturday Night Live; it’s said they considered showing up at NBC. A few years earlier, on March 31, 1974, they even reunited for an evening in a Los Angeles recording studio, along with Stevie Wonder, Harry Nilsson, Jesse Ed Davis, and Bobby Keys; the resulting booze- and coke-addled session, featuring standards like “Cupid” and “Stand By Me,” is available on a bootleg called A Toot and a Snore in ’74. It isn’t much to listen to, except for when those harmonies kick in. Here we have the nature of pop stardom—to be a mirror for the audience’s desire. So why not play a game of let’s imagine? If the Beatles hadn’t broken up, what would their 1970s albums have sounded like?

El resto del ejercicio especulativo del artículo se basa en la siguiente premisa: si bien los miembros de la banda publicaron material de calidad a lo largo de este período, a la hora de decidir cuáles canciones habrían entrado en un álbum de los Beatles los estándares habrían sido mucho más altos. Sólo las mejores canciones compuestas por cada uno de ellos entrarían en el disco. Nada de relleno. Por otro lado, la fórmula en la composición del disco se mantendría:

Any invented record has to make sense as a Beatles album, to reflect the amalgam the band was, the formulas on which they relied. For all their innovations, the Beatles were formulaic as well, building albums that had a standard architecture (one or two songs from George, a balance of John and Paul, and a quick dash of Ringo). You can’t forget that when considering what they might have done.
Como ven, la cosa es bastante razonable. Después de dirigir al lector por la discografía postbeatles de la primera mitad de los 70, Ulin arma a partir de ellos 4 albums hipotéticos. (Si pueden, intenten hacer las playlists. Vale la pena) El primero se habría llamado Instant Karma y habría salido a finales de 1970. Para Ulin, la presencia de Lennon habría sido más fuerte en este caso, dado que en la vida real este fue uno de sus mejores periodos creativos:
Lado A
Remember (John)
Mother (John)
Look at Me (John)
Teddy Boy (Paul)
Working Class Hero (John)
What is a Life (George)

Lado B
Cold Turkey (John)
Isolation (John)
Beware of  Darkness (George)
Instant karma! (John)
Maybe I’m Amazed (Paul)
Para 1971 las cosas se pondrían mejores, teniendo en cuenta lo que cada uno de los 4 publicó por separado en ese año. El disco se llamaría Too Many People.

 

Lado A
Imagine (John)
Crippled Inside (John)
It Don’t Come Easy (Ringo – George)
Teddy Boy (Paul)
All Things Must Pass (George)
Another Day (Paul)
Lado B
Too Many People (Paul)
Jealous Guy (John)
Gimme Some Truth (John)
Awaiting on You All (George)
Uncle Albert/Admiral Halsey (Paul)
Monkberry Moon Delight (Paul)

Para 1972 no habría disco, dada la baja producción de todos. Pero para 1973 aparecería Let me Roll it, más radio friendly que el anterior.

Lado A
Band on the Run (Paul)
Let Me Roll it (Paul)
Woman Is The Nigger of The World (John)
Bluebird (Paul)
I’m the Greatest (Ringo, escrita por John)
Lado B
Mind Games (John)
Hi Hi Hi (Paul)
Photograph (Ringo)
Living in the material World (George)
John Sinclair (John)

El último estertor de The Beatles, What you Got, sería un álbum construido alrededor de lo que fue Venus and Mars de Paul y el Walls and Bridges de John, y saldría en 1975.

Lado A
Venus and Mars / Rock Show (Paul)
Steel and Glass (John)
Dark Horse (George)
Nobody Loves You (When you’re Down and Out) (John)
The No-No Song (Ringo)
Lado B
(It’s All Da-Da Down to ) Goodnight Vienna (Ringo, escrita por John)
#9 Dream (John)
What You Got (John)
This Guitar Can’t Keep from Crying (George)
Venus and Mars (Reprise) (Paul)
Move Over Ms. L. (John)

Al resaltar los puntos más altos de la producción posterior a su separación, creo que esta selección refleja la lenta decadencia creativa de los miembros de la banda, y la evidente sobreproducción de relleno en sus discos en solitario. Relleno de lujo, claro, pero relleno al fin y al cabo. Nada que compita con la producción de la banda durante su época dorada. De vuelta al mundo real, el único material real que nos queda de la interacción de Lennon y Macca, las sesiones sazonadas con perico y alcohol a las que se refiere Ulin, sonaban así


Aunque soñar no cuesta nada, creo que es preferible sumergirse en la experiencia de escuchar la discografía de los Beatles en la nueva versión remasterizada -en especial sus primeros trabajos, que brillan con mayor intensidad después del proceso.



02
Oct
09

El mejor disco de la década

A tres meses de acabar esta década, las listas y los conteos ya empezaron a aparecer. El balance musical del periodo podría ser tan atomizado como el mercado que tenemos ahora, pero no. Cuando se trata de evaluar lo mejor siempre aparecen discos o canciones que sobresalen fácilmente entre los demás, igual que en las décadas anteriores. Esto debido no sólo a la música en sí, sino también por el impacto cultural que tuvieron: discos tan buenos como London Calling o Nevermind son referentes indiscutibles para entender la música de su década. La cuestion puede ser, entonces, cómo definir esa década. Si los ochentas fueron la década de las mezclas globales de géneros y culturas en el pop, gracias a lo que se dio luego del estallido del punk, entonces The Clash sí logró el disco de la década. Gracias a discos como London Calling, lo marginal pasó al centro, ayudando a reinterpretar viejos lenguajes del rock. Si los noventas fueron la década de la renovación del rock gracias a corrientes subterráneas o alternativas, entonces Nirvana dio el golpe más contundente para iniciar ese proceso. El nihilismo punk de EU al fin encontraba una voz contundente, expresada con ironía gracias a estribillos pop sobre el olor de desodorantes femeninos.

Si definimos esas décadas en términos diferentes aprecen discos muy distintos. Si los 90, por ejemplo,  fueron la época de la desesperación y la angustia de fin de milenio, el Ok Computer sale ganando. Si fué la decada de la mezcla de sonidos bailables con el rock, entonces Loveless es el mejor disco sin duda, y el más original.

Si podemos decir qué fue esta década ayudaremos entonces a aclarar cuál fue el mejor disco de este periodo. Por el lado histórico es mas o menos fácil ¿Ocho o nueve años de luto después de los atentados de las Torres gemelas? ¿Ocho o nueve años de conservadurismo a ultranza del gobierno Bush y sus repercusiones globales? Al hablar de la música es más difícil. La atomización musical del indie, la consolidación del formato mp3, la vuelta a la época pre-álbum -consolidada por los Beatles con el lanzamiento de sus remasters, una de las pocas bandas que pueden hacer valer el formato todavía, paradójicamente-, todo eso nos lleva a un escenario muy complejo.

La gente de Pitchfork empezó sus listas muy temprano. De acuerdo con su lista de los mejores discos de la década, el mejor fue el Kid A de Radiohead. ¿Las razones? En una década retro, Radiohead logró un disco futurista. Creo que Mr. Mustard acierta cuando dice que el Kid A no es futurista.  Si bien una de sus fuentes de inspiración fue el catálogo de Warp records, lo que hicieron en ese caso fue vanguardismo con elementos retro, siguiendo el manual postpunk. Casi todas las bandas que le sirvieron de referencia a Radiohead para este disco fueron las mismas que usaban como guías PIL, Magazine, y compañía, hace mas de treinta años.
Si se piensa la década también en los términos no musicales de los que hablaba antes, el Kid A también funciona. Las fantasías distópicas de Thom Yorke sirven de banda sonora perfecta para esta década tan poco estimulante para el amor, la fraternidad,  la libertad y la justicia, pero no es el único disco que logra eso. Otras bandas con otros lenguajes hicieron algo parecido. Funeral, de Arcade Fire -en eso también concuerdo con Mr Mustard- cuadra muy bien con una década de luto y miedo.  Arcade Fire usó elementos muy post punk también, pero con ambientes cálidos y sonidos acústicos, con los que lograron un toque de esperanza humanista frente a tanta oscuridad. Wilco también logró discos muy característicos de la década, usando un lenguaje country rock muy gringo, en lo que podría denominarse el renacimiento de un género retro por excelencia – junto a MyMorning Jacket  y otros por el estilo-, pero sus discos nunca fueron tan contundentes.

Si la década de los naughties fue la época del renacimiento de todos los retro microgéneros, Kid A y Funeral entonces también funcionan, pero los nuevos candidatos se multiplicarían por montones: retro post punk con Interpol, Yeah Yeah Yeahs y Franz Ferdinand; Retro Disco, con Daft Punk; Retro Beach Boys, con Panda Bear y Animal Collective…

20
Sep
09

Nick Cave a los 50

Nick Cave sigue siendo un ejemplo de versatilidad y calidad a prueba de conformismo. Este año publicará el segundo disco de Grinderman, los Bad Seeds paralelos, y acaba de publicar una nueva novela, “The Death of Bunny Munro”, que cuenta con su propio soundtrack, hecho por Cave, claro. Por otro lado, People’s Republic of Animation hizo un corto, “The Cat Piano”, en el que Cave presta su voz para la narración, leyendo un poema de Eddie White:

Si todos los del gremio llegaran a los cincuenta igual que Cave, las olas de nuevos grupos hype estarían en problemas. Generalmente sucede lo contrario.

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07
Sep
09

1984

Mil novecientos ochenta y cuatro

Mil novecientos ochenta y cuatro

Criticar es terriblemente malo. Es mejor asentir ante todo,  no armar problema. Este tipo de aproximación a la ideología borreguil, tan popular entre las masas dóciles, es una de las características de los regímenes totalitaristas. Desde proyectos religiosos como el Peoples Temple de Jim Jones hasta Hitler y la URSS, el que critica es un gusano innecesario. H. Arendt y G. Orwell escribieron excelentes libros al respecto. 1984 es, en particular, una excelente recreación literaria de lo que pasa cuando el totalitarismo aniquila la creatividad y la crítica. Ahora que Muse tiene un nuevo disco inspirado en parte en 1984 tenemos la disculpa perfecta para revisar un par de ejemplos de música inspirada en esta novela.

Comencemos con David Bowie y la segunda mitad de su Diamond Dogs, donde está 1984, un precursor de su sonido Filadelfia. No creo que el disco sea muy político. El totalitarismo estilo gran hermano es sólo un referente global para la transición que hace Bowie del glam al soul plástico:

Rick Wakeman siguió haciendo terribles discos de rock sinfónico después de 1977. Eso incluye su 1984 , de 1981. Julia’s Song, con letras de Tim Rice, aguanta para nuestros oidos pop no sinfónicos. A lo mejor habría sido un buen musical:

Los Eurythmics hicieron la banda sonora de la película de Michael Radford, muy buena por cierto, basada en la novela. De ahí sacaron este single, “Sexcrime”. El toque synthpop ochentero:

Radiohead moldeó su Hail to the Thief como un album político en contra de la dupla Blair – Bush, ya tan pasada de moda. En 2+2=5 aparece una interesante referencia al doblepensar orwelliano. No importa asumir como normales algunas contradicciones patentes, especialmente si le sirven al régimen:

Rage Against the Machine no podía faltar en la lista anti-totalitaria.  En The battle of Los Angeles hacen varias referencias al universio orwelliano, especialmente en Testify (“Who Controls the Past Now, Controls the Future, Who controls the Present Now, Controls the Past):

Los últimos discos de NIN no son precisamente lo mejor de su repertorio. En Year Zero Reznor hace un disco conceptual alrededor de una distopía orwelliana ubicada en 2022, intentando salir de las fórmulas anteriores.  Survivalism fue uno de sus singles, con video estilo wachiman totalitario:

Muse, tan peligrosamente cercano a Radiohead y al rock sinfónico, ya había tenido coqueteos orwellianos con “Citizen Erased” de Origin of Symmetry. Es precisamente lo que le pasa a quienes critican en el totalitarismo Big Brother. Los evaporan, no queda nada de ellos. Aquí está la versión en vivo de Glasto 2004:

Para terminar, su nuevo album, The Resistance está plagado de letras orwellianas, entre otras cosas, incluyendo más guiños musicales a Radiohead y nuevas referencias a Queen y al rock sinfónico setentero.  United States of Eurasia apunta directamente a la geopolítica de 1984:

También es hora de decir que el libro ya está un poco trillado, por bueno que sea. El gran hermano ya ha mutado en realities y la internet, superando lo proyectado por Orwell.

Es tiempo de ir a revisar mi Facebook.

18
Ago
09

Más sobre los Saicos

Como ñapa, aquí van dos videos sobre el fenómeno Saicos. Primero, el trailer de un documental sobre la banda (saldrá el próximo diciembre)  en el que sus integrantes al fin saldrán del anonimato, y al parecer se intentará enlazar a la banda con las tendencias que aparecerían luego en la música anglo:

En este otro, Don Letts una biblia viviente del punk, habla sobre la banda:

Aquí hay material suficiente para varios estudios sobre postcolonialismo en el rock latinoamericano. Y mucho más.

17
Ago
09

Los saicos, o los tatarabuelos del punk (a secas)

Siguiendo con la onda genealógica, luego de hablar de lo que sería el post-punk transplantado desde Londres a Córdoba, ahora hablaré de una banda peruana y las raíces del Punk en general.

Como saben mis avezados lectores, una de las fuentes del punk puede encontrarse en el garage rock de los sesenta. De hecho la primera vez que se utilizó el érmino punk dentro del rock para describir un género, se hizo en la recopilación Nuggets, la cual estaba compuesta primordialmente por bandas de garaje de los 60. Los Saicos podrían estar en esa línea, pero fueron mucho más allá. “Demolición”, de 1964, explica porqué:

Como en un salto cuántico, Los Saicos tomaron el surf rock y el pop “ye – ye”  y lo convirtieron en formidable punk rock, antes de los Stooges, los MC5, antes de los Ramones. Por problemas de difusión internacionaly por la forma como fluyen las ideas generalmente, su música no tuvo el impacto merecido en el mundo del rock. En todo caso, fueron lo suficientemente exitosos en Perú como para tener su propio programa de TV.

Para los que quieran más referencias sobre Los saicos, aquí esta un excelente texto de Owai sobre la banda, y otro ensayo sobre ellos y la escena limeña de ese entonces.

(la iniciativa care-libresca vino de 11:11pm)

11
Ago
09

Manicured Noise, o el tatarabuelo del postpunk latinoamericano

Portada de uno de los escasos sencillos de MN

Portada de uno de los escasos sencillos de MN

Manicured Noise fue una de las muchas bandas que tuvo un resplandor fugaz durante la edad de oro del post punk, para luego desaparecer inexplicablemente en el olvido. Afortunadamente Caroline True Records lanzó una retrospectiva hace poco “Northern Stories 1978/80″, en la que se recopilan casi todas sus grabaciones, incluyendo singles y sesiones de radio en la BBC.

Su estilo podría ser descrito como una especie de punk-jazz oblicuo, con algunos elementos de futurismo retro -aquí son precursores de lo que Massive Attack  o Portishead harían 10 años después. Entre sus fuentes de inspiración estaban Television, Ornette Coleman, Talking Heads,  bandas sonoras del cine francés y Giorgio Moroder . Según nuestro amado Simon Reynolds en “Rip it Up...”:

Taking their name from a Buzzcocks single designed by Linder Sterling and featuring the slogan “manicured noise and cosmetic metal music”, Owen’s group were admired and supported by famous peers like Wire and the Banshees, but their early experimental sound is undocumented. More’s the pity judging by his description of their sound: “military beats, over which we’d recite poetry by Mayakovsky”, combined with film soundtrack elements and primitive funk learned by copying Chic singles played at 33 rpm. Alongside the Pop Group Manicured Noise are considered one of the very first postpunk groups to “go funk”. Owen was displaced in a band coup (he retaliated with legal action) and guitarist Steve Walsh (formerly of Flowers of Romance, which included Viv Albertine and Sid Vicious; also an excellent journalist, contributing mainl to ZigZag) steered the group in a more accessible pop-funk direction, as captured on two likeable if Talking Heads-indebted singles: “Metronome” (Pre, 1980) and “Faith” (Pre, 1980).

Lo interesante de Manicured Noise es su relación con El rock latinoamericano, especialmente el argentino. Linder Sterling, la diseñadora gráfica que menciona Reynolds y que colaboró un par de veces con el grupo, y Stephanie Nuttal la baterista, fueron buenas amigas de Luca Prodan, el mítico líder de Sumo; luego Nuttal sería la baterista de Sumo en la lejana Buenos Aires, del 81 al 82. Para cuando comenzaba la guerra de las Malvinas tuvo que devolverse, luego de ayudar a construir la novedosa visión de la banda. Sumo fue una de las vías de entrada del post-punk a la escena argentina, y de pasada, a la latinoamericana. La historia está bien documentada aquí, en el Clarín de Buenos Aires, donde quienes escriben sobre música en los medios masivos se lo toman muy, pero muy en serio. Esperemos encontrar pronto en un periódico colombiano algo como esto:

Manicured Noise es, sobre todo, un grupo de funk blanco minimalista cuya paleta de sonidos destila época. El saxo omnipresente que va de la tradición arty (Roxy Music, Bowie) al northern soul (Dexy’s Midnight Runners, Specials) y las bandas de sonido (hay un cover de Lalo Schifrin). El estilo neurótico de Walsh remite a Talking Heads y hasta coquetean con la abstracción avant garde en una sesión junto al expedicionario musical David Cunningham. Bajo tanta referencia corre en Manicured Noise un nervio propio, acerado. Un grupo sobrevaluado como The Rapture necesitaría una inyección urgente de este esforzado y dramático recuerdo de provincia.

Stephanie Nuttal[/caption]

En todo caso, más allá de las genealogías hay muchas razones para oir y bailar a Manicured Noise.

04
Ago
09

(When You Wake) You’re Still in a Dream

From my bloody valentine @ richmond

Ver a My Bloody Valentine en concierto ahora  podría ser otra de esas pseudo-experiencias desalentadoras. Como escribí hace tiempo, detrás de ellos hay un mito enorme, alimentado por casi 20 años sin prensar un álbum completo, después de su inigualable Loveless, y de marcar un hito con sus presentaciones en vivo. Además, uno espera mucho, muchísmo, de una banda que ha estado esos casi veinte años influyendo gran parte de lo que vale la pena ser escuchado y disfrutado -del shoegaze para abajo, desde Lush hasta lo rescatable de Garbage-.

From my bloody valentine @ richmond

Lo mejor es que no me desilusionó. No estan overrated. De hecho, gracias en parte a una oportuna falla en mi atención, sobrepasó todo lo que podía esperar. Aunque los reviews de sus conciertos siempre han hablado maravillas de ellos, verlos en vivo es mejor que todo eso. Es una experiencia, en el verdadero sentido de la palabra. Algunas bandas pueden hacerlo bailar a uno, otras lo transportan a otro lugar o a otro tiempo; otras lo llenan de energía o de tristeza. Otras le cambian la forma de entender la música en vivo. MBV puede hacer todo esto y más.

From my bloody valentine @ richmond

Para explicar lo anterior, está este concierto del 89, cuando el Loveless no estaba ni en fase de maquetas, en el que aparecen tocando un extraño alargue atonal en medio de una de sus mejores canciones, You Made Me Realise:

Esta deliciosa cacofonía repetitiva, como pueden notar, se adelanta un tiempito al heyday del grunge, y se alimenta de experiencias sónicas paralelas como Sonic Youth, Einstuerzende Neubauten y Jesus and Mary Chain. Lo mejor es que disfrutamos de una versión actualizada, que no fue igual a la versión prehistórica del video anterior, ni a esta

de hecho, tuvimos nuestro propio ritual:

Este segmento, llamado con razón the holocaust, se mantiene como cierre tradicional de los conciertos de MBV. Ya sea concentrándose en la reacción de los demás, o en la propia, alzando las manos o tapándose los oidos, uno sabe que no va a experimentar esto fuera de un concierto de MBV. De hecho mi cuerpo probablemente nunca va a sentir algo así. Las metáforas con el sexo cuadran perfectamente.

From my bloody valentine @ richmond
From my bloody valentine @ richmond

Lo mejor es que la experiencia no fue solo ese cierre épico, sino el conjunto del concierto. A pesar de la etiqueta, por ejemplo, lo de shogaze sólo puede aplicarse a Belinda y a Kevin, quienes apenas gesticulaban y jamás se dirigieron al público, salvo en un comienzo en falso. Debbie Googe y Colm O’ Ciosig, bajo y batería en una banda muy compenetrada, tocaron sus instrumentos con un despliegue físico impresionante. Por momentos parecía que eran ellos quienes impulsaban el concierto.

From my bloody valentine @ richmond

Un par de ejemplos explicarán de qué estoy hablando:

¿Dónde voy a conseguir un concierto mejor? Después de despertarme, todavía sigo soñando. Menos mal tuve una excelente compañía para disfrutarlo (A pesar del scoop!), y para volver dolorosamente a la realidad. Afuera nos esperaba la señorial Richmond, muy lejos de este salto al futuro todavía vigente 17 años después.

coda: ¿A quién carajos le importa si MBV saca material nuevo? Que editen un buen DVD en vivo y listo.

26
Jul
09

Las letras

Continuando con el tono paternalista pedagógico que caracteriza a este Blog, me permito señalar un magnífico ejemplo de un asunto que suelen pasar por alto los periodistas que intentan escribir sobre música en los medios masivos de mi país. Casi todos se dedican a hacer una especie de twitter de la industria del disco, escribiendo pildoritas informativas o chismecitos, y cuando quieren parece mejores llegan a comentar curiosidades “locas”. Nunca analizan ningún a banda, solista, video, concierto o lo que sea, a fondo. Nunca. Por favor, si me equivoco, muéstrenme un ejemplo que demuestre lo contrario. Especialmente con artistas locales. Las revistas independientes lo hacen, y las faranduleras, como Shock, intentan hacerlo.

El problema es que las buenas escenas rockeras dependen de buenos periodistas que las encaucen, que les sirvan de críticos y cómplices. Cuando hay cambios en la música, nuevos periodistas los defienden, por ejemplo, de la mano con el cambio de tendencia que está dándose. Paul Morley y el pustpunk británico es un buen ejemplo de ello. Pero bueno, no creo que deba ir tan lejos. Argentina y México también tienen ejemplos interesantes de periodismo asociado con nuevas tendencias.

En fin. Como ejemplo del análisis que me gustaría encontrar sobre las diferentes escenas colombianas, les tengo el que creo es el mejor artículo sobre rock nacional que he leído en los últimos ¿15? años. Lo curioso es que no lo escribió una paeriodista del medio, sino una escritora – columnista de opinión. En otras palabras, alguien con capacidad crítica, no una estación repetidora de otras fuentes.

Veamos el contexto. En Shock no hay un solo artículo en donde no se alabe a Juanes, una mal copia retrógrada de Bono. Un ejemplo:

Este 2008 fue el año en que terminó por convencernos de que definitivamente la  música sí tiene el tremendo poder de ser un gestor de cambio inigualable. Juanes es el paisita que promueve que la vida es un ratico, y que por lo mismo no deberíamos estar dejando para mañana todo lo bueno que podemos hacer por el mundo hoy. Que si cambiamos el odio por amor habrá perdón y  reconciliación. Considerado uno de los artistas más importantes e influyentes en la historia de la música actual por su aporte a la solución de conflictos, es también la figura del rock latino más destacada de la última década. Activista incansable de causas sociales y humanistas, nombrado  caballero de la orden francesa  de las artes y las letras, fue capaz de convocar a más de 150 mil personas en un concierto por la paz sin fonteras este 2008. Orgullosamente colombiano, orgullosamente cantando en español, se recorrió el mundo desde Rumania, Dinamarca y Rusia hasta Suecia y Japón. El mismo que algunos sueñan como Presidente de Colombia y otros quisieran postular al Premio Nobel de la Paz, este año obtuvo decenas de nominaciones, premios y reconocimientos. Lanzó con éxito rotundo su disco La vida es un ratico, y además se convirtió en el primer artista que consiguió llenar 4 días seguidos, y sold out, el Coliseo Cubierto El Campín en Bogotá.

No se puede pedir más adoración sin restricciones, menos capacidad de ver más allá de la noticia.

Juanes, circa 2008 DC

Juanes, circa 2008 DC

El bienamado Juanes también fue declarado  personaje del año por la revista más influyente del país, Semana. Ante tanta unanimidad, Carolina Sanín escribió esta maravillosa columna en la que, analizando brevemente las actitudes, las declaraciones a los medios, su música y sus letras, llegaba a la conclusión de que Juanes y la era del presidentico Álvaro Uribe encajaban perfectamente. En un mismo artículo estaba haciendo un link entre dos fenómenos culturales masivos, uno musical y el otro político. ¿A qué periodista de farándula podría ocurrirsele esto? Una cosa es resumir noticias, otra es leer conexiones entre ellas y analizarlas. La mayoría de ellos es incapaz de hacer algo como eso.

Veamos algunos apartes de la columna de Sanín:

…Juanes es básicamente un cantante que vende muchos discos, y cuya bonhomía ha permitido que los medios de comunicación bendigan en él a un personaje popular con matices folklóricos, sin tener que meterse en consideraciones sociales, estéticas o culturales. Esto resulta muy útil: para no ir más lejos, con el pretexto de Juanes, El Tiempo logra estampar la frase biensonante “conciencia social” en primera plana sin tener que hablar de los indígenas que organizaron la reciente Minga o de los sindicalistas que fueron asesinados durante el año, que sí representan la conciencia social del país.

Especialmente respecto a  sus letras y la conexión entre ellas y sus supuestos actos heróicos, que es lo que me interesa:

Los colombianos admiran a Juanes porque fue al Parlamento Europeo a pedir cantando una limosna (como se pide en las busetas de su patria) e hizo que los diputados bailaran (ridículamente, hay que decirlo) al son de su propia condescendencia hacia el Tercer Mundo. Admiran a Juanes porque aprovechó cierta crisis fronteriza entre Colombia y sus vecinos, provocada por una grave violación de soberanía territorial, para organizar un concierto a favor de la concordia y la paz, al comienzo del cual lanzó el agresivo (y onanista) grito: “¡Estoy que me toco, hijueputa! y en medio del cual complementó sus versos “tengo la camisa negra/ y abajo tengo el difunto” con la violenta glosa: “pa’ enterrártelo cuando quieras, mamita”. Admiran a Juanes porque no se ha lanzado a cantar en inglés como Shakira, como si esta decisión implicara una actitud intelectual o política y no simplemente un poco más de oportunismo. (Por cierto: Juanes no canta en inglés, pero cuando canta pronuncia los fonemas del español como gringo, como para sonar más “pop”.)

De Juanes, además de su superioridad moral de hombre de familia, de su cómoda neutralidad, de sus profesiones de fe católica y de su talante complaciente, me parece funesto que haya contribuido a la entronización de esa noción miope según la cual existe un imperativo ético que se llama “hacer patria” y que consiste en bolear bandera, en decir “mi sangre” y “mi tierra”, en creer que Colombia y sus habitantes son óptimos (o más bien: “una chimba”) y en escuchar canciones de Juanes.

Por último, pretender que nuestro Personaje del Año es el mejor representante de la música nacional no es justo con los músicos colombianos ni con los consumidores de música. En cuanto a la calidad del producto, merece la pena repasar algunas letras de este cantautor a quien El Tiempo compara inexplicablemente con Bob Dylan. Brillan en ellas el descarado cliché (“A Dios le pido / que te quedes a mi lado / y que más nunca te me vayas / mi vida”), la enigmática simpleza (“Me enamora que me hables con tu boca”, verso que parece extraído de una parodia de Les Luthiers), el ripio opusdeísta (“Nuestra familia es más importante ya lo sé, y la debemos proteger y volver a tejer/ porque estos tiempos son difíciles y es más escasa la verdad”), la confusa alucinación antropomórfica (“Hagamos todos una bandera con manos negras/ una bandera con manos blancas / por un mundo mejor en este momento. / Hagamos todos una bandera con manos mestizas / una bandera con manos inmigrantes / por un mundo mejor”) y la vulgaridad inspirada en la copla infantil “Pican, pican los mosquitos”: “Lo que ayer me supo a gloria/ hoy me sabe a pura mier…. / coles por la tarde y tú que no llegas / Mal par… ece que solo me quedé / y jue… pura todita tu mentira”.

Esto es ver y analizar más allá de los cúmulos de notas de farándula. Pero, curiosamente, es eso lo que se espera de las reseñas de discos, de los reportajes sobre los músicos. ¿Cuál es la conexión entre su música, sus letras, sus declaraciones? ¿Cuál es su trasfondo ideológico? ¿Qué influencias pueden rastrearse? ¿Es realmente creativo o solamente repite cánones previos?

Esto va más allá de los eternos simplismos del estilo “todos tenemos gustos diferentes” o “el gusto es muy relativo”. Una cosa es decir qué es bueno, mediocre o malo en música, y otra afirmar que a uno le guste algo. Para lo primero hay muchas formas para evaluar y criticar con fundamento. Algo al parecer imposible para la prensa local.

Como coda, les dejo el link al artículo que me motivó escribir esta parrafada. Una crítica a otro cantante del nivel de Juanes, Ricardo Arjona.

29
Jun
09

Michael Jackson

Esta fue mi feliz introducción al mundo del video clip, y casi casi de la rumba negra en inglés, “Don’t Stop ‘Til You Get Enough”:

A la hora de hablar de tipos como Michael Jackson mucha gente se transforma en un insoportable crítico de arte, de esos a los que cualquier cosa que sea exitosa les parece terriblemente sospechosa. Por otro lado, la gente también se vuelve una especie de Torquemada, un inquisidor implacable que debe extirpar cualquier asomo de pecado del mundo. Ambas posiciones me parecen insoportables.

Los ultra indie, o alguna vez ultra alternos, reaccionan de manera irracionalmente agresiva cuando oyen la palabra “comercial”. Como sabemos, es peor que mentarles la madre. El problema es que el no entrar en la mecánica de los mercados masivos no garantiza calidad, ni en la música ni en ninguna otra área, ni viceversa. Quienes entran en la industria y la aprovechan o permiten que la industria se aproveche de ellos, no necesariamente deben producir porquería. Una cosa es la calidad, otra el acceso a los mercados masivos. El esnobismo detrás de esta idea es bastante claro: lo mejor es oir música que nadie oye, y luego inventarse que cualquier música masificada es mala. Otra cosa es pensar que no hay más música más allá que la programada por los medios estándar, obviamente.

Por el otro lado, mucha gente piensa que la producción creativa de los artistas con “vidas moralmente conflictivas” debe ser, necesariamente, mala. Este es otro rasgo patente de pobreza en la capacidad de análisis. Si ser un buen artista depende de la aceptación de los cánones morales, tendríamos que quedarnos con una minoría selecta de santurrones. La vida disipada, vil y corrupta que pudiese tener un creador no tiene que ver con su creación. De otra forma habría que hacer hogueras enormes con cientos de novelas, poemas, edificios y, claro, discos de rock. Muchas veces la incapacidad creativa trata de escudarse en cruzadas moralistas muy improductivas, como en el caso de U2 en los últimos años y su activismo vacío supuestamente a favor de la pobreza en África.

El caso de Michael Jackson sirve para ejemplificar ambos posiciones. Su producción, hasta bien entrados los 80, indiscutiblemente está entre los clásicos de la música negra de EU, incluyendo sus discos con los Jackson 5. Su talento como bailarín y showman en concierto dejó un precedente que todavía sirve de referencia para los músicos del género. Los récords de ventas que obtuvo no opacan esa calidad, ni su uso magistral del video clip para promocionar sus discos -recordemos que gracias a él se acabó parcialmente el veto a los artistas negros en Mtv. Otra cosa muy diferente fue su vida personal, y la forma como la prensa lo explotó. De haber sido el peor acosador de menores de edad de su generación, incluso eso no habría cambiado el hecho de que era un excelente músico.

Jacko llevó al extremo, hasta convertirlas en caricaturas, a un par de tendencias muy fuertes en las sociedades de nuestra época.  El miedo a asumir las edad adulta y sus responsabilidades, alargando intermitentemente la adolescencia; y el miedo a las consecuencias físicas del envejecimiento, y uno que otro rasgo heredado. Su extraño cariño por los adolescentes y los niños tampoco viene de alguna extraña enfermedad que sólo él padeció. Jacko pudo terminar su vida viéndose como una extraño andrógino blanco de no mas de 30 años, abandonando sus fuertes rasgos negros masculinos, y además compartiendo su cama con menores de edad. El problema es que no son precisamente pocos quienes hacen lo mismo, sólo que sin llegar a esos extremos. Muchas personas desean mantenerse en una adolescencia prolongada, incluyendo, claro,  a muchos de quienes desean convertir al rock en un estilo de vida. No son pocos quienes desean con fervor jóvenes efebos y nínfulas, y no precisamente para educarlos. Sin embargo, estas tendencias parecen olvidarse a la hora de criticar a Jacko.

En todo caso, Jackson no va a sufrir nunca más las tristes consecuencias de su cortísima niñez. Nosotros podemos seguir disfrutando lo mejor de su legado:

28
May
09

¿Oyendo mp3 en la buseta?

publico

Tomado de un blog muy original sobre noticias de música caricaturizadas. Me identifico plenamente con la referencia a la desesperacion suicida cuando no está la canción deseada.

01
May
09

Depeche Mode en la tenaz suramericana

Al parecer sigue la buena racha de conciertos en mi amada Bogotá: Depeche Mode dará allá un concierto seguramente memorable en octubre de este año.  Las buenas bandas latinoamericanas, nuevas y viejas, nos han visitado con cierta frecuencia, en parte gracias a ese regalo de los dioses que es Rock al parque. Respecto a las bandas Anglo de impacto global la cosa era muy diferente, a pesar de un par de milagros muy ocasionales, como la visita de los White Stripes en 2005. Sin embargo, desde el 2007, la lista se ha nutrido de bandas tan buenas y relevantes para la música popular actual como Bjork, REM, Mars Volta, Muse, Placebo, Block Party y Black Rebel Motorcycle Club; por otro lado, también tocaron dinosaurios delux como Duran Duran, Roger Waters, Kiss o Iron Maiden, estos últimos para deleite de audiencias un poco estrechas y musicalmente intolerantes, como es el caso de los insufribles metaleros. Digo dinosaurios delux porque esta gente hace años que dejó de hacer algo relevante, pero en su tope creativo -hace más de 20 años-  llegaron a ser muy influyentes y relativamente innovadores. También vinieron en el mismo periodo shows al parecer muy divertidos pero completamente irrelevantes para las tendencias presentes y futuras del rock o el pop: Maroon Five y Gwen Stefani están ahí. Probablemente DM se encuentra ahora entre esas tres categorías.

A pesar de que mejoramos en la calidad de los visitantes, todavía estamos muy lejos de la actividad constante y plural que se da en ciudades como México DF, Santiago o Buenos Aires. En general, la movida en esos focos de recepción y creación cultural tradicionalmente opaca nuestros logros con facilidad. Eso se evidencia también en la forma como la prensa musical se refiere a esos artistas, la precisión  y seriedad de sus reportajes y críticas. No hay toderos cubriendo todos los géneros de música popular, y se entiende que ese venerable principio de la división del trabajo también rinde frutos en estos espacios: una cosa es saber de rock contemporáneo, otra saber de las bandas Bilboard o de géneros diferentes, o de historia del rock. Apostarle a que  un periodista se ocupe al tiempo de todo tipo de música y esperar  buenos resultados es casi risible.

La cuestión es que Depeche Mode es una de mis bandas más queridas. Fue uno de los primeros grupos que oí con atención, tratando de entender el sentido de sus letras y sus influencias.  Por otro lado, Depeche Mode es uno de los casos más interesantes de recepción de tendencias o estéticas en nuestro entorno. Recuerdo que durante mis lejanos tiempos en el bachillerato, todos los snobs oían o decían oír a la banda hasta antes del Violator. Aunque todos eran de clase media alta, conservadores, homofóbicos y cerrados, estaban felices de oír a una banda que usaba metáforas al tiempo sadomasoquistas y religiosas en sus letras, llegó a coquetear con cierta posición izquierdista en el Construction time again y tuvo tuvo una  estética deliberadamente glam durante diferentes etapas de su carrera. ¿Sabían estos tipos cómo eran los DM en realidad? Lo dudo.

Por ese entonces, DM junto a The Cure y el U2 era lo que debían oír quienes quisieran ser trendy en nuestra ciudad. Los gustos musicales y la música en sí misma se difundían de una manera muy diferente. A finales de los ochenta, como lo señaló ya el señor Mostaza, la influencia de los excelentes vendedores de discos de la 19 era más fuerte que  Mtv o las emisoras de radio – esa épocaque murió físicamente con Saúl, aunque estaba acabada hacía mucho tiempo-. La recepción del mensaje completo de la banda era mucho más difícil y en últimas nos llegaba un código muy difícil de entender: letras y música muy lejos de su contexto original. Depeche mode llegó, entonces, con una mezcla de los rótulos que le habían puesto en las emisoras de College Radio gringas y su “aura” real, esa mezcla de elementos góticos, techno y rock que todavía conserva, y el ruido que se creaba aquí, esa falsa aura de sofisticación vacía -a la Rick Astley- que difícilmente podría aplicárseles.  En todo caso, al momento de comparar la calidad de DM con otras bandas de esa época sus propuestas se quedan cortas.

En sus 30 años de existencia difícilmente podría decirse que alguna vez fue una de las mejores de la historia. ¿Cómo sostener una afirmación como esta? Decir eso no hace al concierto más importante. DM es muy relevante, claro, pero eso es muy diferente aser una de las mejores bandas de la historia. Sus primeros trabajos sentaron las bases de lo que sería el synthpop, pero cuando ya habían aparecido hacía poco otros pioneros. Su primera etapa con Vince Clark a la cabeza, el futuro líder de Yaz y Erasure, es una cátedra sobre cómo usar los sintetizadores para hacer un buen pop. La unión de sonidos futuristas y ritmos bailables no era muy extraña para la época -Giorgio Moroder hacía rato estaba produciéndolos-, pero en este caso eran más contundentes:

La llegada de Alan Wilder -1982- traería complejidad y nuevas influencias, incluyendo la música industrial, en una época en la que esos sonidos estaban muuy lejos del mainstream, vinculándose luego con sonidos y posturas más rockeras en los 90. En ese proceso le abrieron el camino a muchas bandas y mantuvieron una calidad notable -para la prueba recomiendo oir con calma su Black Celebration, el despegue de su postura oscura y decadente- pero nunca llegaron al tope al que sí lograron llegar y mantenerse otros grupos. Sin necesidad de llegar a los extremos de quienes consideran al formato guitarra-bajo-batería como el único valioso en el rock, es claro que Depeche Mode no le llega ni a los talones al REM del 83 – 88, o al U2 de  84-87, al Sonic Youth 87 – 92 o al Radiohead 97-2001. Comparado con otras bandas de su género, Depeche Mode nunca logró un disco como Dare de Human League, por ejemplo, y New Order los rebasa en influencia, calidad y creatividad sin dificultades, al igual que los Pet Shop Boys, abiertamente orientados al electropop bailable con letras inteligentes.

No me queda más que ir a verlos, sabiendo que no se trata de nada más que otra oportunidad para lidiar con la nostalgia.




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