
Últimamente todo el mundo se cree científico. Desde que un par de canales de televisión mostraron que la ciencia convertida en golosina era rentable, cualquier persona cree que saber sobre alguna ciencia consiste en citar datos curiosos extraídos del Discovery Channel. Conteos de los animales más hábiles, secuencias de depredación o capturas espectaculares, ovnis, la biblia… todo en el mismo paquete. De esta mezcla informe no se salva ni la respetable National Geographic Society: los fetos de mamíferos que mostraron en un documental “de estreno” hace poco tiempo, promocionados como imágenes reales dentro de sus tiernos úteros, eran modelos creados para la ocasión. ¿Esto es ciencia o entretenimiento? ¿Entretetenimiento basado en la ciencia? En todo caso es muy rentable.
Por estas tierras esta versión light de la ciencia ha calado hondo. Muchos profesores universitarios prefieren la simplificación “didáctica” a la explicación a fondo, detallada, del mundo de la ciencia. Un investigador y científico colombiano de verdad, Jose Luis Villaveces, escribió alguna vez que “más que por un esfuerzo de racionalización del mundo y de confrontación experimental, de organización del saber integrándolo a una concepción naturalista, la ciencia ha llegado a Colombia por revelación”. Es así como la ciencia se enseña como otro dogma colonial en muchos centros universitarios. En estos casos la autoridad ya no es Aristóteles, Santo Tomás o la Biblia, sino el científico de moda, o el clásico de la ciencia que hay que leer. Pero puede ser aún peor: la autoridad puede ser el Discovery. Así por ejemplo, en un medio académico se puede afirmar, sin siquiera pestañear, que los seres humanos sólo usamos el 10% de nuestro cerebro, o que los mensajes subliminales son efectivos en publicidad, aunque todo esto no sea más que basura irracional equivalente al Vudú. Nadie va a ponerlo en duda tampoco. Que pereza. Menos mal no pasa así en todas partes.
La ciencia, caracterizada por ser un sistema abierto a la crítica y por ende a la revisión, se convierte en este caso en un paquete estático de salmos a repetir hasta el cansancio. No se puede criticar nada, no hay creatividad científica. La crítica debe ser erradicada como un cáncer peligroso, incluso dentro del sistema en donde debería ser más generada, más esperada. Si en en el campo científico la gente cree que no es bueno criticar, imagine qué puede pasar en otros campos. Ni qué decir de las consecuencias de esto para el ejercicio cotidiano de la política, por ejemplo, o el periodismo.
Volviendo a lo que llamo pseudociencia sensacionalista, en estos días la sonda Cassini envió unas sugerentes imágenes del polo norte de Saturno:

Los adjetivos de la prensa no se hicieron esperar, alentados por un par de declaraciones de los investigadores de la NASA: misterioso, milagroso, enigmático. Hay que hacer sensacionalismo. De entrada se olvida, por ejemplo, que el hexágono es una de las figuras más comunes de la naturaleza. Las cualidades estéticas del fenómeno, reportado por primera vez hace 20 años, son innegables, pero ¿cuál es el misterio? ¿Cuál es el milagro? No sólo los tabloides amarillistas hacen sensacionalismo. Del Discovery a El Espacio sólo hay un paso.
Robert L. Park, director de información pública de la American Physical Society propuso, no hace mucho, siete signos que identifican a la ciencia no genuina, esa que hace suspirar por igual a los nueva era amantes del canal Infinito y a los ingenuos que juran por el Discovery Channel . Si las aplicamos al caso de Saturno, seguramente no queda más que otra tormenta en un vaso de agua, como la del caso de la cara “descubierta” en Marte por la misión Viking II. Miren a lo que se le hizo publicidad por allá en el ’76:

(Recuerdo la primera vez que ví esto en la tele, cuando tenía como 7 años. Era un documental alemán de la Transtel, de los que daban en el “canal 3″ -La señal de hoy-, con música tenebrosa de Tangerine Dream de fondo. Casi me cago del susto. Fue la experiencia más siniestra de mi niñez, junto con la lectura de un titular de El Espectador sobre la Bomba de neutrones. Mucho tiempo después reproduciría la sensación escuchando el Pornography de The Cure en “estados alterados”).
Ahora miren lo que enviaron las sondas Mars Global Surveyor en 1998 y 2001, y la Mars Odyssey en 2002:
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Qué cara tan bien delineada. ¡Divino rostro!
Adios al misterio, al milagro, al sensacionalismo. Estos “enigmas” se diluyen con una facilidad impresionante. Tan fácil como se los crea. Después de todo, la NASA también necesita hacerse publicidad ante los contribuyentes. Dos transbordadores en la columna de pérdidas, y una guerra con la que deben competir por presupuesto hacen la diferencia.
Hacer ciencia es otra vaina. Es estar abierto a la crítica, abierto a la refutación. Es estar abierto al diálogo. Y eso siempre es productivo, aunque no a corto plazo.
Lo único bueno que queda de asuntos como la cara en Marte son canciones Western – espaciales, como “Knights of Cydonia” de Muse, o las odas a los ovnis caídos y sus tripulantes que hicieron los Pixies. ¿Quién le va a hacer una canción al hexágono de Saturno? Yo le apuesto a Autechre.














