
Hasta hace poco sólo conocía la carátula del “Our Love to Admire”, el último disco de Interpol, con esta especie de felinos de otra era atacando un venado impasible. La mejor mona que podría salir en las chocolatinas Jet, pero nada más.
Por fin me animé a bajar la versión likeada. Ya había oído el sencillo, “The Heinrich Maneuver”, pero no me quería enfrentar a otra desilusión menor estilo Neon Bible. Siendo este disco tanto o más esperado que el de Arcade Fire, pensé que iba a pasar algo parecido: el grupo iba a cambiar de rumbo y a aventurarse a terrenos extraños, abandonando una senda que parecía original y productiva, pero sin dar el nivel. No es este el caso. El sonido expuesto en los dos primeros discos de Interpol se mantiene, salvo algunos añadidos que están lejos de ser ultra-novedosos.
Interpol optó por una vuelta directa al postpunk mucho antes que fuera tan trendy. Las comparaciones con Joy Division son un lugar común en las reseñas de la banda, pero su música y su estética en vivo tienen vínculos con muchas otras bandas: desde el viejo Duran Duran hasta Gang of Four, pasando por el primer Cure y el Radiohead de The Bends. Mientras otros han enfatizado en el lado más funkie y rumbero del postpunk, Interpol escogió el lado oscuro, pero sin dejar atrás del todo el tumbao: su dupla rítmica -Carlos Dengler (bajo, hijo de colombiana y alemán, entre otras), y Sam Fogarino (batería) – seguramente son la envidia de otros grupos decididamente bailables.
Ese lado oscuro se oye aún más en este disco, lo cual sorprende cuando caemos en cuenta que este es su primer trabajo para una multinacional (Capitol), y la tendencia en el mercado indie actual se inclina mucho más al lado alegrón del punk y sus vástagos. Esta oscuridad resalta gracias a las atmósferas más densas, producto del uso protagónico de teclados, como ya lo había adelantado Daniel Kessler, el guitarrista líder, en la NME, y a un tempo menos acelerado en la mayoría de canciones, en lo cual probablemente estuvo involucrado su productor, Rich Costey. Un buen ejemplo de esto se oye en la apertura, “Pioneer to the Falls”, en “Scale”, por cierto muy cercana al Cure de Pornography, y en el cierre, en la fantasmagórica “Lighthouse”, una mezcla siniestra entre los Cocteau Twins del Treasure y los Chameleons de “View from a Hill”, perfecta para una banda sonora de Lars Von Trier. Entre las movidas, más cercanas al sonido del catálogo anterior del grupo, están “Mammoth” y la nombrada “The Heinrich…”
Las letras se basan principalmente en el concepto del guayabo, ya sea guayabo rumbero como en “Rest my Chemistry”: I live my life in cocaine /Just a rage and three kinds of yes / And I’ve made stairways / such scenes for things that I regret / Oh those days in the sun / They bring a tear to my eye.
También está el guayabo amoroso en “No I in Threesome”: Through the storms and the light /baby you stood by my side /and life is wine / you feel the sweet breath of time / It’s whispering, its truth not mine /there’s no I in threesome.
Y, claro, el guayabo existencial en “Lighthouse”: This space is set to break/ It’s just too safe for me outside tonight/ And i want that / face the storms at the time /From the lighthouse / …Here I’ve been losing and living within / Angerly urgent/ And sinking again).
Después de oír este disco estoy seguro de que Interpol se perfila como una de las bandas de la década. Su propuesta es consistente, coherente, sin llegar a extremos experimentales ni entregarse a fórmulas gastadas y, sobre todo, ha logrado permanencia en su calidad, sin malabares circenses. Para medir estos logros piensen en otras bandas que comenzaron al tiempo que ellos, y que se quedaron en el camino luego de ser las primadonnas de la crítica, como The Rapture, The Strokes, los Yeah Yeahs y Franz Ferdinand. En todo caso, si estas bandas del revival Post punk retoman esa línea estética, lo hacen desde la superficie: si había algo que caracterizaba a bandas como Magazine, Wire o Pere Ubu era su carácter avant garde, la forma como asumían riesgos en su sonido. No creo que alguna de estas bandas revival desee esto. Estas vueltas continuas al pasado, en las que el pop se va devorando a sí mismo lentamente, llegan a ser productivas sólo en casos como el de Interpol.
Para terminar, un video amateur de “Pioneer to the falls” en vivo:
