
Durante un tiempo pensé que el mejor período para vivir y disfrutar la música sería el 65-69, en San Francisco. Cuando crecí, me dí cuenta que el año en que todo cambió para siempre fue el 77. En ese año, como sabemos, se dio un pequeño big bang que demarcaría los derroteros del rock hasta hoy, en un espacio muy difuso en el que concurrían eventos desarrollados en Düseldorf, Kingston, Londres, Nueva York y Berlín, todos enlazados entre ellos de una manera especial. Si bien estos eventos venían desarrollándose de tiempo atrás, fue en este año en el que todo se hizo más evidente, más denso, veloz y delirante, gracias a esa simultaneidad. En pocas oportunidades se ven entronques culturales que evidencian tan claramente las características de la modernidad.
El krautrock de Düseldorf y Berlín, el reggae y el Dub de Kingston, el punk y el New Wave de Londres y New York confluyeron de manera desordenada y caótica en los trabajos musicales clave de este año, pero especialmente en cuatro, en los que tuvo un rol protagónico un individuo bastante peculiar, creador y detector de tendencias nuevas como pocos: David Bowie. Si Bob Dylan fue el vórtice cultural en el 65, situándose en un punto en el que todo lo que pasaba tenía que ver con su trabajo y su influencia (G. Marcus dixit), Bowie fue el vórtice en el 77. Había sido el precursor de Johny Rotten y los punks en sus años como Ziggy Stardust, había apadrinado a quienes habían sido alguna vez sus mayores influencias -Lou Reed, Iggy Pop- y ahora publicaba dos de los mejores álbums de ese año, Low (enero) y “Heroes” (octubre), y coproducía otras dos joyas publicadas ese año, de la mano con su parcero Iggy Pop: The Idiot y Lust for Life. Prácticamente este fue el año Bowie, el año del camaleón.

En los discos de Iggy, Bowie ensayaría como en un laboratorio lo que haría después con B. Eno, T. Visconti y R. Fripp, especialmente en The Idiot. El proceso de creación de Low y “Heroes”, que comenzaría siendo un proyecto de Krautrock que Bowie deseaba fuese dirigido por Connie Plank, el productor insignia del “género”, terminaría siendo una particular concentración de las tendencias y músicas señaladas. Los tres cerebros a cargo del proyecto terminarían haciendo una poderosa respuesta a la revolución punk, algo que prácticamente nadie logró hacer por ese entonces.

Para un recuento detallado de este año memorable en la vida del delgado duque blanco recomiendo este sitio.
Luego escribiré más sobre estos discos, de esos que como dicen Mozzer y Lou Reed, le pueden salvar a uno la vida. Ahora tengo que ir al afilador.

Excelente Julian, o mejor su gato.
Qué cátedra de historia del rock nos ha sabido dar…!
En efecto, también para mi el año es el 67, del 77 no tenia muy buenos registros. Pero si, ahora que lo leo en su post, definitivamente es el año, aunque los sesentas son lo mejor en cuanto a ideología, el hippismo, la no violencia, etc. En los setentas, todo se pudre, es decir, se acaba el flower power y se viene la guerra fría, así que ni modos, la psicodelia y el mensaje cambiaron…
Excelente post, excelente… de verdad, ah! y el anterior tambien!
nos leemos.
Sebastian
ah! se me olvidaba, ahora ya puedo escuchar los trabajos de Bowie, están en rock army, completicos!
genial =)
Le Gris, gracias, por eso confío tanto en mi gato. bien por la discografía de Bowie, aunque como ya habrá visto se puede editar facilito para evitar desilusiones.
Nos leemos.