Continuando con el tono paternalista pedagógico que caracteriza a este Blog, me permito señalar un magnífico ejemplo de un asunto que suelen pasar por alto los periodistas que intentan escribir sobre música en los medios masivos de mi país. Casi todos se dedican a hacer una especie de twitter de la industria del disco, escribiendo pildoritas informativas o chismecitos, y cuando quieren parece mejores llegan a comentar curiosidades “locas”. Nunca analizan ningún a banda, solista, video, concierto o lo que sea, a fondo. Nunca. Por favor, si me equivoco, muéstrenme un ejemplo que demuestre lo contrario. Especialmente con artistas locales. Las revistas independientes lo hacen, y las faranduleras, como Shock, intentan hacerlo.
El problema es que las buenas escenas rockeras dependen de buenos periodistas que las encaucen, que les sirvan de críticos y cómplices. Cuando hay cambios en la música, nuevos periodistas los defienden, por ejemplo, de la mano con el cambio de tendencia que está dándose. Paul Morley y el pustpunk británico es un buen ejemplo de ello. Pero bueno, no creo que deba ir tan lejos. Argentina y México también tienen ejemplos interesantes de periodismo asociado con nuevas tendencias.
En fin. Como ejemplo del análisis que me gustaría encontrar sobre las diferentes escenas colombianas, les tengo el que creo es el mejor artículo sobre rock nacional que he leído en los últimos ¿15? años. Lo curioso es que no lo escribió una paeriodista del medio, sino una escritora – columnista de opinión. En otras palabras, alguien con capacidad crítica, no una estación repetidora de otras fuentes.
Veamos el contexto. En Shock no hay un solo artículo en donde no se alabe a Juanes, una mal copia retrógrada de Bono. Un ejemplo:
Este 2008 fue el año en que terminó por convencernos de que definitivamente la música sí tiene el tremendo poder de ser un gestor de cambio inigualable. Juanes es el paisita que promueve que la vida es un ratico, y que por lo mismo no deberíamos estar dejando para mañana todo lo bueno que podemos hacer por el mundo hoy. Que si cambiamos el odio por amor habrá perdón y reconciliación. Considerado uno de los artistas más importantes e influyentes en la historia de la música actual por su aporte a la solución de conflictos, es también la figura del rock latino más destacada de la última década. Activista incansable de causas sociales y humanistas, nombrado caballero de la orden francesa de las artes y las letras, fue capaz de convocar a más de 150 mil personas en un concierto por la paz sin fonteras este 2008. Orgullosamente colombiano, orgullosamente cantando en español, se recorrió el mundo desde Rumania, Dinamarca y Rusia hasta Suecia y Japón. El mismo que algunos sueñan como Presidente de Colombia y otros quisieran postular al Premio Nobel de la Paz, este año obtuvo decenas de nominaciones, premios y reconocimientos. Lanzó con éxito rotundo su disco La vida es un ratico, y además se convirtió en el primer artista que consiguió llenar 4 días seguidos, y sold out, el Coliseo Cubierto El Campín en Bogotá.
No se puede pedir más adoración sin restricciones, menos capacidad de ver más allá de la noticia.

Juanes, circa 2008 DC
El bienamado Juanes también fue declarado personaje del año por la revista más influyente del país, Semana. Ante tanta unanimidad, Carolina Sanín escribió esta maravillosa columna en la que, analizando brevemente las actitudes, las declaraciones a los medios, su música y sus letras, llegaba a la conclusión de que Juanes y la era del presidentico Álvaro Uribe encajaban perfectamente. En un mismo artículo estaba haciendo un link entre dos fenómenos culturales masivos, uno musical y el otro político. ¿A qué periodista de farándula podría ocurrirsele esto? Una cosa es resumir noticias, otra es leer conexiones entre ellas y analizarlas. La mayoría de ellos es incapaz de hacer algo como eso.
Veamos algunos apartes de la columna de Sanín:
…Juanes es básicamente un cantante que vende muchos discos, y cuya bonhomía ha permitido que los medios de comunicación bendigan en él a un personaje popular con matices folklóricos, sin tener que meterse en consideraciones sociales, estéticas o culturales. Esto resulta muy útil: para no ir más lejos, con el pretexto de Juanes, El Tiempo logra estampar la frase biensonante “conciencia social” en primera plana sin tener que hablar de los indígenas que organizaron la reciente Minga o de los sindicalistas que fueron asesinados durante el año, que sí representan la conciencia social del país.
Especialmente respecto a sus letras y la conexión entre ellas y sus supuestos actos heróicos, que es lo que me interesa:
Los colombianos admiran a Juanes porque fue al Parlamento Europeo a pedir cantando una limosna (como se pide en las busetas de su patria) e hizo que los diputados bailaran (ridículamente, hay que decirlo) al son de su propia condescendencia hacia el Tercer Mundo. Admiran a Juanes porque aprovechó cierta crisis fronteriza entre Colombia y sus vecinos, provocada por una grave violación de soberanía territorial, para organizar un concierto a favor de la concordia y la paz, al comienzo del cual lanzó el agresivo (y onanista) grito: “¡Estoy que me toco, hijueputa! y en medio del cual complementó sus versos “tengo la camisa negra/ y abajo tengo el difunto” con la violenta glosa: “pa’ enterrártelo cuando quieras, mamita”. Admiran a Juanes porque no se ha lanzado a cantar en inglés como Shakira, como si esta decisión implicara una actitud intelectual o política y no simplemente un poco más de oportunismo. (Por cierto: Juanes no canta en inglés, pero cuando canta pronuncia los fonemas del español como gringo, como para sonar más “pop”.)
De Juanes, además de su superioridad moral de hombre de familia, de su cómoda neutralidad, de sus profesiones de fe católica y de su talante complaciente, me parece funesto que haya contribuido a la entronización de esa noción miope según la cual existe un imperativo ético que se llama “hacer patria” y que consiste en bolear bandera, en decir “mi sangre” y “mi tierra”, en creer que Colombia y sus habitantes son óptimos (o más bien: “una chimba”) y en escuchar canciones de Juanes.
Por último, pretender que nuestro Personaje del Año es el mejor representante de la música nacional no es justo con los músicos colombianos ni con los consumidores de música. En cuanto a la calidad del producto, merece la pena repasar algunas letras de este cantautor a quien El Tiempo compara inexplicablemente con Bob Dylan. Brillan en ellas el descarado cliché (“A Dios le pido / que te quedes a mi lado / y que más nunca te me vayas / mi vida”), la enigmática simpleza (“Me enamora que me hables con tu boca”, verso que parece extraído de una parodia de Les Luthiers), el ripio opusdeísta (“Nuestra familia es más importante ya lo sé, y la debemos proteger y volver a tejer/ porque estos tiempos son difíciles y es más escasa la verdad”), la confusa alucinación antropomórfica (“Hagamos todos una bandera con manos negras/ una bandera con manos blancas / por un mundo mejor en este momento. / Hagamos todos una bandera con manos mestizas / una bandera con manos inmigrantes / por un mundo mejor”) y la vulgaridad inspirada en la copla infantil “Pican, pican los mosquitos”: “Lo que ayer me supo a gloria/ hoy me sabe a pura mier…. / coles por la tarde y tú que no llegas / Mal par… ece que solo me quedé / y jue… pura todita tu mentira”.
Esto es ver y analizar más allá de los cúmulos de notas de farándula. Pero, curiosamente, es eso lo que se espera de las reseñas de discos, de los reportajes sobre los músicos. ¿Cuál es la conexión entre su música, sus letras, sus declaraciones? ¿Cuál es su trasfondo ideológico? ¿Qué influencias pueden rastrearse? ¿Es realmente creativo o solamente repite cánones previos?
Esto va más allá de los eternos simplismos del estilo “todos tenemos gustos diferentes” o “el gusto es muy relativo”. Una cosa es decir qué es bueno, mediocre o malo en música, y otra afirmar que a uno le guste algo. Para lo primero hay muchas formas para evaluar y criticar con fundamento. Algo al parecer imposible para la prensa local.
Como coda, les dejo el link al artículo que me motivó escribir esta parrafada. Una crítica a otro cantante del nivel de Juanes, Ricardo Arjona.

Recuerdo sentir la misma satisfacción suya cuando leí esa columna de Sanín. Es muy triste que no existan críticos de verdad en Colombia. No sé si es la academia o la falta de sensibilidad hacia la música. Hace poco leí Rip It Up and Start Again de Simon Reynolds, y con unos cuantos grupos colombianos y algunos (no muchos) conocimientos de semiótica cultural y hermenéutica fijo se puede hacer un compendio así del rock y pop nacional. Quizá existan trabajos así, pero de tesis de grado no salen. Lo peor es que la cosa no tiene cara de mejorar, vamos a ver.
Saludos.
Es interesante que alguien salga a decir en público lo que para muchos era tácito. Sin embargo, me parece que comparar a Juanes con Uribe es tal vez demasiado. Más de una vez he escuchado a Juanes mostrar posiciones de corte socialista que van en completa contravía con lo que representa el gobierno de Uribe.
Bien bueno. Hágale usted también entonces a la crítica, serviría montones.
Saludes.
Claro, Mr Mustard. S. Reynolds es una maravilla. Leer Rip it up -la edicion UK es más larga, y espero que el niño dios me la mande- va más allá de los datos sosos. La historia y las variaciones sociales o del ambiente intelectual, incluyendo las posiciones estéticas de cada banda, adquieren una relevancia especial, de manera que uno ya no ve la música que quiere como un producto artificial, sino de la mano con lo que pasa mientras tanto.
Pues sí. Los que curaron los 15 años de rock al parque podrían haber hecho algo así, pero bueno.
Lo de Juanes socialista, Squizoid, creo que hace parte de su populismo soso. de otra forma escribiría más canciones sobre desplazados, campesinos mutilados y traquetos al poder, como las 1280 almas, digamos. Pero no. En cambio le canta solo a soldados y secuestrados, con un tono muy poco original además. Sanin da más razones para eso también.
La crítica, bueno, otros la hacen mejor por estos medios, como Mr Owai, pero es muy triste que no salga nada en la prensa mainstream. Igual gracias por el impulso, anonymousiv.
los medios de comunicación además de informar están en la obligación de formar para generar un criterio propio, es una lástima que nuestros periodistas no tengan ni la más remota idea de lo que es analizar y leer (o escribir) entre lineas, aun confunden arte con farándula (solo hace falta ver los noticieros). sin embargo lo mas triste, es que la gente no piense por motu propio, eso dice mucho de una sociedad.
buen post.