Como ñapa, aquí van dos videos sobre el fenómeno Saicos. Primero, el trailer de un documental sobre la banda (saldrá el próximo diciembre) en el que sus integrantes al fin saldrán del anonimato, y al parecer se intentará enlazar a la banda con las tendencias que aparecerían luego en la música anglo:
En este otro, Don Letts una biblia viviente del punk, habla sobre la banda:
Aquí hay material suficiente para varios estudios sobre postcolonialismo en el rock latinoamericano. Y mucho más.
Siguiendo con la onda genealógica, luego de hablar de lo que sería el post-punk transplantado desde Londres a Córdoba, ahora hablaré de una banda peruana y las raíces del Punk en general.
Como saben mis avezados lectores, una de las fuentes del punk puede encontrarse en el garage rock de los sesenta. De hecho la primera vez que se utilizó el érmino punk dentro del rock para describir un género, se hizo en la recopilación Nuggets, la cual estaba compuesta primordialmente por bandas de garaje de los 60. Los Saicos podrían estar en esa línea, pero fueron mucho más allá. “Demolición”, de 1964, explica porqué:
Como en un salto cuántico, Los Saicos tomaron el surf rock y el pop “ye – ye” y lo convirtieron en formidable punk rock, antes de los Stooges, los MC5, antes de los Ramones. Por problemas de difusión internacionaly por la forma como fluyen las ideas generalmente, su música no tuvo el impacto merecido en el mundo del rock. En todo caso, fueron lo suficientemente exitosos en Perú como para tener su propio programa de TV.
Para los que quieran más referencias sobre Los saicos, aquí esta un excelente texto de Owai sobre la banda, y otro ensayo sobre ellos y la escena limeña de ese entonces.
Manicured Noise fue una de las muchas bandas que tuvo un resplandor fugaz durante la edad de oro del post punk, para luego desaparecer inexplicablemente en el olvido. Afortunadamente Caroline True Records lanzó una retrospectiva hace poco “Northern Stories 1978/80″, en la que se recopilan casi todas sus grabaciones, incluyendo singles y sesiones de radio en la BBC.
Su estilo podría ser descrito como una especie de punk-jazz oblicuo, con algunos elementos de futurismo retro -aquí son precursores de lo que Massive Attack o Portishead harían 10 años después. Entre sus fuentes de inspiración estaban Television, Ornette Coleman, Talking Heads, bandas sonoras del cine francés y Giorgio Moroder . Según nuestro amado Simon Reynolds en “Rip it Up...”:
Taking their name from a Buzzcocks single designed by Linder Sterling and featuring the slogan “manicured noise and cosmetic metal music”, Owen’s group were admired and supported by famous peers like Wire and the Banshees, but their early experimental sound is undocumented. More’s the pity judging by his description of their sound: “military beats, over which we’d recite poetry by Mayakovsky”, combined with film soundtrack elements and primitive funk learned by copying Chic singles played at 33 rpm. Alongside the Pop Group Manicured Noise are considered one of the very first postpunk groups to “go funk”. Owen was displaced in a band coup (he retaliated with legal action) and guitarist Steve Walsh (formerly of Flowers of Romance, which included Viv Albertine and Sid Vicious; also an excellent journalist, contributing mainl to ZigZag) steered the group in a more accessible pop-funk direction, as captured on two likeable if Talking Heads-indebted singles: “Metronome” (Pre, 1980) and “Faith” (Pre, 1980).
Lo interesante de Manicured Noise es su relación con El rock latinoamericano, especialmente el argentino. Linder Sterling, la diseñadora gráfica que menciona Reynolds y que colaboró un par de veces con el grupo, y Stephanie Nuttal la baterista, fueron buenas amigas de Luca Prodan, el mítico líder de Sumo; luego Nuttal sería la baterista de Sumo en la lejana Buenos Aires, del 81 al 82. Para cuando comenzaba la guerra de las Malvinas tuvo que devolverse, luego de ayudar a construir la novedosa visión de la banda. Sumo fue una de las vías de entrada del post-punk a la escena argentina, y de pasada, a la latinoamericana. La historia está bien documentada aquí, en el Clarín de Buenos Aires, donde quienes escriben sobre música en los medios masivos se lo toman muy, pero muy en serio. Esperemos encontrar pronto en un periódico colombiano algo como esto:
Manicured Noise es, sobre todo, un grupo de funk blanco minimalista cuya paleta de sonidos destila época. El saxo omnipresente que va de la tradición arty (Roxy Music, Bowie) al northern soul (Dexy’s Midnight Runners, Specials) y las bandas de sonido (hay un cover de Lalo Schifrin). El estilo neurótico de Walsh remite a Talking Heads y hasta coquetean con la abstracción avant garde en una sesión junto al expedicionario musical David Cunningham. Bajo tanta referencia corre en Manicured Noise un nervio propio, acerado. Un grupo sobrevaluado como The Rapture necesitaría una inyección urgente de este esforzado y dramático recuerdo de provincia.
[/caption]
En todo caso, más allá de las genealogías hay muchas razones para oir y bailar a Manicured Noise.
Ver a My Bloody Valentine en concierto ahora podría ser otra de esas pseudo-experiencias desalentadoras. Como escribí hace tiempo, detrás de ellos hay un mito enorme, alimentado por casi 20 años sin prensar un álbum completo, después de su inigualable Loveless, y de marcar un hito con sus presentaciones en vivo. Además, uno espera mucho, muchísmo, de una banda que ha estado esos casi veinte años influyendo gran parte de lo que vale la pena ser escuchado y disfrutado -del shoegaze para abajo, desde Lush hasta lo rescatable de Garbage-.
Lo mejor es que no me desilusionó. No estan overrated. De hecho, gracias en parte a una oportuna falla en mi atención, sobrepasó todo lo que podía esperar. Aunque los reviews de sus conciertos siempre han hablado maravillas de ellos, verlos en vivo es mejor que todo eso. Es una experiencia, en el verdadero sentido de la palabra. Algunas bandas pueden hacerlo bailar a uno, otras lo transportan a otro lugar o a otro tiempo; otras lo llenan de energía o de tristeza. Otras le cambian la forma de entender la música en vivo. MBV puede hacer todo esto y más.
Para explicar lo anterior, está este concierto del 89, cuando el Loveless no estaba ni en fase de maquetas, en el que aparecen tocando un extraño alargue atonal en medio de una de sus mejores canciones, You Made Me Realise:
Esta deliciosa cacofonía repetitiva, como pueden notar, se adelanta un tiempito al heyday del grunge, y se alimenta de experiencias sónicas paralelas como Sonic Youth, Einstuerzende Neubauten y Jesus and Mary Chain. Lo mejor es que disfrutamos de una versión actualizada, que no fue igual a la versión prehistórica del video anterior, ni a esta
de hecho, tuvimos nuestro propio ritual:
Este segmento, llamado con razón theholocaust, se mantiene como cierre tradicional de los conciertos de MBV. Ya sea concentrándose en la reacción de los demás, o en la propia, alzando las manos o tapándose los oidos, uno sabe que no va a experimentar esto fuera de un concierto de MBV. De hecho mi cuerpo probablemente nunca va a sentir algo así. Las metáforas con el sexo cuadran perfectamente.
Lo mejor es que la experiencia no fue solo ese cierre épico, sino el conjunto del concierto. A pesar de la etiqueta, por ejemplo, lo de shogaze sólo puede aplicarse a Belinda y a Kevin, quienes apenas gesticulaban y jamás se dirigieron al público, salvo en un comienzo en falso. Debbie Googe y Colm O’ Ciosig, bajo y batería en una banda muy compenetrada, tocaron sus instrumentos con un despliegue físico impresionante. Por momentos parecía que eran ellos quienes impulsaban el concierto.
Un par de ejemplos explicarán de qué estoy hablando:
¿Dónde voy a conseguir un concierto mejor? Después de despertarme, todavía sigo soñando. Menos mal tuve una excelente compañía para disfrutarlo (A pesar del scoop!), y para volver dolorosamente a la realidad. Afuera nos esperaba la señorial Richmond, muy lejos de este salto al futuro todavía vigente 17 años después.
coda: ¿A quién carajos le importa si MBV saca material nuevo? Que editen un buen DVD en vivo y listo.