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Ago
09

Manicured Noise, o el tatarabuelo del postpunk latinoamericano

Portada de uno de los escasos sencillos de MN

Portada de uno de los escasos sencillos de MN

Manicured Noise fue una de las muchas bandas que tuvo un resplandor fugaz durante la edad de oro del post punk, para luego desaparecer inexplicablemente en el olvido. Afortunadamente Caroline True Records lanzó una retrospectiva hace poco “Northern Stories 1978/80″, en la que se recopilan casi todas sus grabaciones, incluyendo singles y sesiones de radio en la BBC.

Su estilo podría ser descrito como una especie de punk-jazz oblicuo, con algunos elementos de futurismo retro -aquí son precursores de lo que Massive Attack  o Portishead harían 10 años después. Entre sus fuentes de inspiración estaban Television, Ornette Coleman, Talking Heads,  bandas sonoras del cine francés y Giorgio Moroder . Según nuestro amado Simon Reynolds en “Rip it Up...”:

Taking their name from a Buzzcocks single designed by Linder Sterling and featuring the slogan “manicured noise and cosmetic metal music”, Owen’s group were admired and supported by famous peers like Wire and the Banshees, but their early experimental sound is undocumented. More’s the pity judging by his description of their sound: “military beats, over which we’d recite poetry by Mayakovsky”, combined with film soundtrack elements and primitive funk learned by copying Chic singles played at 33 rpm. Alongside the Pop Group Manicured Noise are considered one of the very first postpunk groups to “go funk”. Owen was displaced in a band coup (he retaliated with legal action) and guitarist Steve Walsh (formerly of Flowers of Romance, which included Viv Albertine and Sid Vicious; also an excellent journalist, contributing mainl to ZigZag) steered the group in a more accessible pop-funk direction, as captured on two likeable if Talking Heads-indebted singles: “Metronome” (Pre, 1980) and “Faith” (Pre, 1980).

Lo interesante de Manicured Noise es su relación con El rock latinoamericano, especialmente el argentino. Linder Sterling, la diseñadora gráfica que menciona Reynolds y que colaboró un par de veces con el grupo, y Stephanie Nuttal la baterista, fueron buenas amigas de Luca Prodan, el mítico líder de Sumo; luego Nuttal sería la baterista de Sumo en la lejana Buenos Aires, del 81 al 82. Para cuando comenzaba la guerra de las Malvinas tuvo que devolverse, luego de ayudar a construir la novedosa visión de la banda. Sumo fue una de las vías de entrada del post-punk a la escena argentina, y de pasada, a la latinoamericana. La historia está bien documentada aquí, en el Clarín de Buenos Aires, donde quienes escriben sobre música en los medios masivos se lo toman muy, pero muy en serio. Esperemos encontrar pronto en un periódico colombiano algo como esto:

Manicured Noise es, sobre todo, un grupo de funk blanco minimalista cuya paleta de sonidos destila época. El saxo omnipresente que va de la tradición arty (Roxy Music, Bowie) al northern soul (Dexy’s Midnight Runners, Specials) y las bandas de sonido (hay un cover de Lalo Schifrin). El estilo neurótico de Walsh remite a Talking Heads y hasta coquetean con la abstracción avant garde en una sesión junto al expedicionario musical David Cunningham. Bajo tanta referencia corre en Manicured Noise un nervio propio, acerado. Un grupo sobrevaluado como The Rapture necesitaría una inyección urgente de este esforzado y dramático recuerdo de provincia.

Stephanie Nuttal[/caption]

En todo caso, más allá de las genealogías hay muchas razones para oir y bailar a Manicured Noise.


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