A falta de un buen mariachi para celebrar el final de ocho años de podredumbre personificada en Álvaro Uribe, tuve que festejar con un concierto de Interpol. Después de todo ellos han sido parte importante de la banda sonora de este oscuro periodo.
Sin embargo, pude confirmar directamente que esta banda tiene rasgos similares a los mariachis, y no solo por sus vestidos negros o sus vínculos con latinoamérica. Como los mejores mariachis la música de Interpol, aunque parezca siniestra o triste, puede servir para amenizar velorios, matrimonios, bautizos, fiestas informales, romances. Muchas otras bandas de negro lo han hecho antes. De hecho todos sabemos que esa mezcla de ritmo bailable, voz grave, guitarras lánguidas pero fuertes y letras melancólicas no es muy original. Interpol sólo le da un interesante vuelta de tuerca a esa línea, alimentándose de lo mejor del post punk. Si las comparaciones con Joy Division son un lugar común, otros más pocos encontramos resonancias más cercanas con los amados Chameleons. Hasta Wire o Gang of Four entran en esa combinación.
Interpol ya ha demostrado que no es solo una banda de homenaje a Ian Curtiss. Estos egresados de NYU agregan marcados tonos rock al sonido despojado de fuentes clásicas de esas bandas. Su sonido, en términos biológicos, tiene más testosterona. En términos musicales, aquí ya no hay guiños a Kraftwerk ni batería motorik, en cambio hay sonidos cercanos al rock indie de los 90. Su estética medio glam y su anglofilia tienden a ocultar esto. de hecho su lexicon se amplía un poco más que esa línea macahacada del post punk, pero sigue siendo un poco limitado y sus exploraciones en los bordes de ese estilo no han sido bien recibidos. Si lo dudan, recuerden ‘Our Love to Admire’. Su sonido ha vuelto por cauces menos alejados a sus dos primeros discos, variando las combinaciones de su lenguaje básico. Para un caso de otros seguidores de Joy Division con un lexicon mucho más amplio, basta con ver a dónde ha llegado The National y sus usos de fuentes tradicionales del canon americana.
El concierto en Clifton Park, NY, cerca a la hípica Saratoga Springs, dejó ver todo esto y más. Interpol salió de gira con unos teloneros de lujo: The Postelles y Twin Tigers. La mezcla apropiada entre alegría del pop retro y la oscuridad del noise. The Postelles podría ser el complemento fiestero de Camera Obscura, fiel al sonido del pop de los tempranos 60 via Elvis Costello. Twin Tigers es un combo arrollador de Shoegaze proveniente de Athens, Georgia. Cercanos a My Bloody Valentine pero también a lo mejor del viejo Smashing Pumpkins, mezclaron delicadeza, furia y noise bien amplificado sin pausa, con caras lánguidas que no cambiaron a pesar de nuestros gritos de ‘¡ánimo chicos!’ . A la hora de comprarles el disco demostraron ser amables, incluso hablaron bien de su mentor, Michael Stipe. Ambas bandas son ejemplos de las raíces indie vigentes en Interpol, a pesar de su bautizo en los estadios. Es que Interpol no es The Killers.
Pasando al concierto, me esperaba una avalancha de canciones nuevas, dado el cercano lanzamiento de su cuarto disco. Pero no. Sólo hubo cuatro nuevas. Success, Barricade el sencillo oficial del nuevo disco, Summer Well y Lights, el primer adelanto en la red. Las nuevas canciones no resaltaron entre las demás. El resto fue un repaso a las favoritas de siempre, incluyendo las mejores del disco anterior. La selección no nos dio reposo, ni emocional ni físico. Banks no dió discursos, salvo una corta autopropaganda sobre sus próximos conciertos con U2 y agradecimeintos a sus dos bandas teloneras de lujo. El resto fue el esperado despliegue de la tensión entre ritmo y materia negra, muy cerca de las versiones en estudio.
Entre las que tocaron, la infaltable Evil, la brincona Say Hello To The Angels y las dramáticas NYC, Leif Ericson y Not Even Jail las esperé con nostalgia; a todas las disfruté con movimientos limitados, los que podría tener cualquier bailarín en medio de un medio de transporte atestado. Obstacle 1 fue el cierre adecuado para el jolgorio. El público, en su mayoría arriba de los 27, disfrutó agradecido la dosis de nostalgia y energía emanada de las casi viejas canciones.

Interpol iluminado
Sin Carlos D en el escenario el balance de protagonismos cambia. Los tres miembros originales lo comparten ahora, especialmente Daniel Kessler, el centro del show por momentos, interactuando ocasionalmente con el público. Fogarino es una fuerza permanente detrás del sonido de la banda, sin excesos innecesarios, mientras Paul Banks canta y toca casi impávido, sonriendo en las pausas. David Pajo, el nuevo bajista, no está interesado en hacer fashion shows, ni en emular a nadie. Con una excelente hoja de vida detrás de sus líneas matemáticas de bajo (Slint, Tortoise, y un largo etc.), Pajo cumple sin excesos ni protagonismos. Brandon Curtis (ex Secret Machines), el nuevo teclista, colabora eficientemente a la hora de recrear los atmósferas y susurros que sugieren lejanos órganos Hammond. Entre los dos suplen a Carlos D sin buscar portadas en GQ o Vogue. Para ser una banda con cambios en su formación y con casi dos años fuera del circuito de conciertos, Interpol tocó de maravilla. Nada de baches inoportunos.
Como ya decía antes en otro post sobre Interpol, estas bandas del revival Post-punk retoman esa línea estética sin ir mucho más allá de la superficie: si había algo que caracterizaba a bandas como PIL, Magazine, Wire o Pere Ubu era su carácter vanguardista, la forma como asumían riesgos en su sonido y sus afinidades estéticas, enfrentando los clichés de ese entonces. Interpol no apuesta muy duro por el cambio, y sabe que no tiene capital para hacerlo tampoco (piensen en la reacción de los fans con el anterior disco, y en las muecas de la crítica), a menos que los dos nuevos integrantes traigan nuevos aires a los trabajos por venir, lo cual sería muy interesante. El legado de Slint, Tortoise y Secret Machines trabajando dentro del grupo podría traer futuros aciertos, sin necesidad de cambios bruscos.
(Más imágenes y originales de algunas otras)






Yo me arrepenti de no haber ido, pero me alienta tu post.
De verdad creo que paga verlos en vivo. Así sea sin Carlos D.