una foto de The Vaselines, según mi celular

¿Ver a The Vaselines en vivo? A eso solo podía aproximarme gracias a Youtube o a viejos recortes de prensa ajenos. Ver a Teenage Fanclub en vivo era uno de mis sueños de postadolecente alterno. Su Bandwagonesque fue mi primer disco alterno importado, comprado luego de ver que la Spin lo había nombrado mejor disco del glorioso 91, por encima de Nirvana, My Bloody Valentine, Pixies… Poner su versión de Like a Virgin en mis fiestas durante los 90 me llevaba al paroxismo rockero-universitario.

Un viaje inesperadamente los volvió gente de carne y hueso. Me enteré del concierto gracias a la versión impresa The Onion, mientras esperaba en el metro de Washington DC. Obviamente pensé que podía ser una broma para nostálgicos, pero no. Luego de alterar un poco la agenda de turismo académico de ese día , el concierto se transformó en uno de mis mejores regalos de cumpleaños ever.

Una vez en el 9:30 Club, The Vaselines, una de las bandas preferidas de K. Cobain -Frances el nombre de su hija, viene de la cantante-  tocaron  temas nuevos de su último disco, el primero en 20 años, y claro, sus clásicos. El concierto en general, pero en particular “Jesus Doesn’t Want Me for a Sunbeam”, “Son of a Gun”, “Molly’s Lips” (con Norman Blake de los TF en la corneta) y “Dum Dum” fueron recibidas con una mezcla de asombro, incredulidad y regocijo. Las letras cargadas de referencias sexuales fueron reforzadas con chistes subidos de tono entre Eugene Kelly y Frances McKee, la pareja show-centro de la banda. Stevie Jackson y Bobby Kildea de Belle and Sebastian les acompañaban sin mucho alboroto, en una especie de drem team del indie escocés. Esta fue la parte más rockera del concierto, a pesar de los interludios lentos cuasi acústicos. Era imposible no brincar al son de “Son of a Gun”, a pesar del inexplicable catatonia del público a mi alrededor, en su mayoría blanco y mayor de 40 años.

The Vaselines en el 9:30 Club

The Vaselines en el 9:30 Club

Cuando The Vaselines se bajaron del escenario, luego de “Dum Dum”, me sentía en medio de un trance. El cansancio, la cerveza carísima y la incredulidad eran las responsables. Cuando subieron los Teenage Fanclub la cosa empeoró. Hora y media paseándose por toda su carrera, comenzando por su último disco, “Shadows”  hasta su primer single, en la canción de despedida del encore, ‘Everything Flows’. Debo admitir que no había puesto mucha atención a sus otros discos, salvo los admirados “Grand Prix” y “Songs From Northern Britain”. Nunca les perdoné el que no hicieran otros “Bandwagonesque”, el que no hicieran más discos mezclando guitarras sónicas con power pop estilo Big Star. Esa noche me arrepentí.

Teenage Fanclub en el 9:30

Teenage Fanclub en el 9:30

Ver a la gente meciéndose feliz con “Your Love is the Place Where I Come From”, o el haber coreado a todo pulmón ‘Alcoholiday’, ‘The Concept’ y ‘Star Sign’ durante el concierto va a ser inolvidable, pero lo más sorprendente fue ver su sencillez y contundencia en vivo. Norman Blake puede que sea quien más hable, pero aquí todos componen, todos cantan, todos se divierten.

The Concept

The (power pop) Concept

El resto de su repertorio tiene la consistencia de las buenas bandas de larga trayectoria, pero usando diferentes recursos con dosis apropiadas. Teenage Fanclub son probablemente los mejores herederos de Alex Chilton, pero eso no evita que usen ese otro gran  repertorio power pop, el de los Byrds. De ahí  pasan sin problema a cálidas pinceladas country, como en la bellísima “Sweet Days Waiting”.

Al final, la leyenda que ha estado trabajando durante más de 20 años se mostró mucho más efectiva que la leyenda de vuelta al ruedo hace un par de años. La cara de sorpresa y satisfacción de Frances McKee, parada sonriente a unos metros de mí durante el toque de los Fannies, podría confirmarlo.

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