1. Pop deliciosamente empalagoso y elaborado (del que asquea a metaleros y rockistas)

Denvër, ‘Música, gramática, gimnasia’
Techno para bailar cantar y evocar la juventud pasada y presente. Otra joya chilena de pop fabuloso, producido por el gran Christian Heyne. Tiene todos los ganchos que llevan a escuchar un disco una y otra vez, en espirales de placer auditivo. Mariana Montenegro y Milton Mahan mezclan en un balance recursivo voces masculinas y femeninas, ritmos, atmósferas, texturas, sin necesidad de barroquismos. Si no lo ha hecho búsquelo y óigalo de inmediato.
2. Jóvenes que descubren y perfeccionan el noise rock con sensibilidad pop

Triángulo de amor Bizarro, ‘Año Santo‘
Después de hacer una de mis canciones preferidas de la década pasada, “El fantasma de la transición”, y un gran disco debut, esperaba mucho de ‘Año Santo’. La expectativas fueron superadas sin problema. Rock de guitarras arrasadoras y a la vez melódicas con letras perfectas para diversas situaciones, incluyendo malos viajes con drogas blandas, amores intensos y absorbentes como vampiros, cavilaciones sobre el imaginario de la Edad media, conflictos entre el deseo y la educación católica, misticismo lisérgico, animales totémicos, primeras comuniones, abducciones. Muchos los comparan con los Pixies y yo no puedo oponérmeles.
3. Un Artista carismático, brillante, difícilmente clasificable
Janelle Monae, ‘The ArchAndroid’
Mi descubrimiento del año. Este disco conceptual ultra-pretencioso no tiene canción mala. La mezcla de estilos, desde el hip hop y el soul hasta el viejo glam y la electrónica contemporánea funciona de maravilla por sí misma, pero además está enmarcada por una historia de ciencia ficción que le da aún más coherencia: Monae personifica a Cindi Mayweather, una androide enfrentando su destino en el planeta Metropolis. Este es el tipo de música que uno espera detrás de divas pop como Lady Gaga. En todo caso Monae no se queda en la forma, ni en la ropa o los escenarios pseudo-vanguardistas para lograr lo más cercano a un nuevo clásico contemporáneo.
4. Disco para bailar (sin lugar a culpas posteriores)

Rita Indiana y Los Misterios. ‘El Juidero’
El merengue soñado, con letras inteligentes, deliciosamente bailable, en contacto con diversas tradiciones de la cultura popular actual. Una vez ubicado dentro del universo literario de Rita Indiana y su cariño por la variación lingüística dominicana, las letras lo llevan al caribe urbano y sus identidades mixtas. Brooklyn, Santo Domingo, Miami cantando al tiempo. Si usted es un inmigrante listo para volver o que ya volvió, va a entender lo que significa dejar un cuarto de cojón en el proceso.
5. Techno retro con letras intimistas amado por la comunidad gay

Javiera Mena, ‘Mena’
La paleta de estilos de ‘Mena’ incluye desde música disco estilo Giogio Moroder hasta toques de Dream pop y plancha tradicional, amalgamado con electrónica cercana al mejor New Order. La música evoca otras épocas gracias a ese cruce de pop retro, pero no se queda ahí gracias a las letras intimistas de Javiera. Otra chilena en la lista, otra producción de C. Hayne.
6. Algo que supuestamente sólo oigo yo, y que sorprenderá al lector despistado

These New Puritans, ‘Hidden’
En su primer disco eran otra banda del revival post punk. Ahora hacen electro pop contemporáneo mezclado con un Timbaland druida y bandas sonoras seriales de Michael Nyman. Un comienzo instrumental extravagante es la introducción ideal a diez canciones con ritmos de batalla tribal y letras oscuras que involucran astrología, ecología, filosofía griega, bosques antiguos y pieles de animales. Sabroso. Después de oírlo dan ganas de saquear la aldea vecina. Lo mejor del año para NME.
7. Raperos brillantes, que no sólo están obsesionados con el ghetto

Kanye West, ‘My Beautiful Dark Twisted Fantasy’
No se necesita amar al hip-hop para admirar este disco. Kanye West se expone inteligentemente, usando diversos recursos sin dejar atrás su productiva egolatría. Esta vez la experiencia y la madurez pilotean esa egolatría. Su estilo se ve más pulido que en otros discos y el fraseo característico de West va de lo romántico a la queja y la melancolía sin problemas. Hay canciones bailables como “Power”, perreables como “Hell of a Life”, graciosas en su patetismo grandioso como “Runaway” o ”Blame Game”. Este disco es el hip hop autorreferencial e irónico en su mejor nivel. Rap que se sabe buen rap sin falsa modestia.
8. Viejos decrépitos de carrera impecable

Grinderman, ‘Grinderman 2’
Así suenan los auténticos rockeros decadentes cuando llegan a los cincuenta. Nada de cantarle a las virtudes de la juventud aniñada. La crisis de madurez no se soluciona volviendo al esplendor de los ventitantos. Hay que celebrar el presente y la experiencia capoteando la rumba pesada. Nadie nos quita lo bailao. Si no me cree pregúntele a esta gente mientras oye el disco. Además, su esposo ya nunca le va a decir lo que Nick Cave le está cantando, mi señora.
9. Indie universalmente aceptado y venerado

The National, ‘High Violet’
Esta banda viene a ser una mezcla de Wilco, Joy Division y diversas corrientes del indie cercanas al country rock, sin poder ser definido como una derivación de ellas. Estas son canciones sobre gente corriente en la ciudad y sus asuntos de entre semana, sus dramas y angustias cotidianos, incluso de sus alegrías. En “Bloodbuzz Ohio”, por ejemplo, la voz grave de Matt Berninger le canta a las deudas que consumen a cualquier miembro de la clase media (“I still owe money/ To the money/ To the money I owe”) pero lo hace en una forma en que los miedos cotidianos parecen adquirir un ligero matiz épico.
10. Dreampop sin lugares comunes

Beach House, ‘Teen Dream’
Una voz madura envuelta en atmósferas entre angelicales y lisérgicas. Los preferidos para englobarse en el café de confianza mientras hace de cuenta que lee o escribe.


