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Pixies, circa 1989
En esta época de fin de año se suele poner el espejo retrovisor para recordar buenos tiempos. Las alegrías de otros diciembres. Este diciembre en particular no tengo nada que celebrar, primero. Segundo, en otros diciembres generalmente me aburrí como una ostra, simulaba diversión en familia o me emborrachaba tontamente. Lo del retrovisor en diciembre no funciona para mí.
A la hora de recordar fiestas y tiempos felices hay una sola palabra que aparece en mi mente desde hace casi veinte años: Pixies. Los he brincado, bailado, tarareado hasta más no poder con mis amigos, solo, en pareja, en bares, discotecas, hogares. Su música, esa afortunada mezcla de las atmósferas oscuras del post punk británico, el surf rock y del agresivo punk rock del este de EU, se convirtió para mí en un sinónimo de ‘celebración’.

'Jode al mundo', la biografía oral de los Pixies
La reunión de la banda en 2004 supuso el fin, sin excesos, del carácter reservado tan característico de sus miembros. Las razones de la disolución de la banda a comienzos de 1993 dejaron de ser un misterio o la causa de especulaciones. Una entrevista en clave de historia oral, escrita por Mark Spitz para la Spin en 2004, revelaría detalles sobre la dinámica de la banda y sus problemas en esos cinco años de giras y grabaciones casi sin pausa. Otro proyecto en clave de historia oral, Fool the World (2006), escrito por Josh Frank y Caryn Granz, amplía esa historia aún más. Ambas pasaron por fin por mis manos.
Ambos proyectas involucran a otros personajes implicados con la banda, desde Ivo Watts, la gloria de 4AD, hasta los ex esposos de Thompson y Deal, pasando por sus productores Steve Albini, Gil Norton, sus managers y algunos músicos relacionados. Especialmente en el caso de Fool the World se trata de una historia de la banda sin elementos externos. No hay un análisis detallado de sus canciones ni de sus influencias.
La primera parte del libro es entrañable. Sus inicios en Boston, luego del legendario aviso en el que Charles Thompson -alias Black Francis- y Joe Santiago convocaban a un bajista al que le gustaran Husker Dü y Peter, Paul and Mary. La aparición en escena de la carismática Kim Deal; Sus primeros conciertos en la escena bostoniana; la grabación de las míticas Purple Tapes en los Fort Apache Studios, la entrada a 4AD de la mano de Throwing Muses. Todo es unión y camaradería. Las personalidades que en ese momento aportan al todo más tarde serán la causa del colapso. Luego viene la grabación del Come on Pilgrim donde las cosas empiezan a cambiar lentamente. Los detalles más interesantes del libro creo que están en el siguiente segmento, el de la grabación del Surfer Rosa. Steve Albini no los respetaba mucho, precisamente. Los consideraba un banda más de “blandly entertaining college rock”. Sin embargo, puso a su disposición múltiples técnicas como ingeniero para lograr su álbum más crudo, el último en el que Kim Deal aportaría significativamente. Otra cosa serían los Pixies bajo Gil Norton o bajo el sol de Los Angeles cantando sobre Ovnis en el Bossanova y el Trompe Le Monde. Ahí tienen “Gigantic” en sus dos versiones para pensar esos otros Pixies que no se dieron.
La historia se mueve dentro de tres patrones básicos: primero, el éxito de los Pixies en Gran Bretaña y Europa, donde las revistas más influyentes celebraron su trabajo abiertamente -Melody Maker y NME los apoyaron desde el comienzo. Al otro lado del charco encontraron una audiencia que entendía su ambigúedad y su ironía, lo cual se corroboraría después del Doolitle, cuando disfrutarían de grandes festivales, con miles de personas coreando sus canciones. Por el otro lado, en su natal Boston y en general en la escena indie de EU nunca lograron pasar de banda de culto medianamente popular, sin el mismo apoyo de los medios. Ese patrón se repitiría en cada gira, en cada nuevo disco. Segundo, las rivalidades entre Thompson y Deal, cáda vez más agudas en la medida en que él frenaba la intervención de ella en los procesos creativos de la banda y ella intentaba boicotear presentaciones y grabaciones llegando tarde. Su afición por el licor y la bareta añadirían problemas. Kim Deal seguiría abriendo posibilidades en su alabado proyecto paralelo, The Breeders, ayudada por Steve Albini, quien lo encontraba mucho mejor que los Pixies. Tercero, el proceso de desintegración de la banda se precipitaba en la medida en que los miembros no tuvieron pausas prolongadas fuera del estudio o las giras. A la hora de grabar Trompe le Monde, su último disco, los miembros de la banda prácticamente no se hablaban entre ellos, grababn sus aportes por separado y el trabajo de composición recaía casi por entero en Thompson. Algunos entrevistados llegan a afirmar que el disco parecía más un disco solista de Black Francis con una excelente banda de respaldo. Por ejemplo: imaginen Bird dream of the Olympus Mons cantada por Kim Deal. lvo Watts y Gil Norton lo sugirieron. Thompson nunca lo aceptó. De hecho la voz de Deal apenas si se oye en este disco.
El Zoo TV tour con U2 sería el punto final. La audiencia de los irlandeses nunca se conectó con esto teloneros maravilla, como sí lo había hecho el público seguidor de The Cure un par de años atrás. Casi todos estaban comprando hot dogs y cerveza mientras los Pixies tocaban. Las ventas de discos tampoco se vieron afectadas, mientras Nirvana ya empezaba a cosechar los frutos del la vieja onda indie. Mientras tanto, ese desgaste acababa de corroer las dinámicas internas. Aunque habían ensayado algunas maquetas pensando en lo que sería un disco siguiente, Thompson les sugirió una pausa por un año para hacer su disco en solitario, hacia junio del 92. En enero del 93 afirmaba en una entrevista con medios británicos que la banda estaba disuelta. Luego envió un fax a cada miembro con pedazos de la entrevista. Y listo. Antes de leer esta biografía encontraba este gesto terriblemente agresivo y pueril. Kim Deal siempre fue mi preferida. Ahora entiendo un poco más a Thompson, aunque no le defendería del todo. Él consideraba a los Pixies como su banda, la proyección de sus ideas dentro de una suerte de dictadura benévola. Los Pixies hacían pizzas, y Deal quería hacer galletas, como dice Santiago en el libro. Esas mezclas y esas tensiones a veces terminan siendo otro White Album, otro Sandinista. No en este caso. En este fragmento de una entrevista para The Guardian en 2008, Kim Deal se encarga de replantear la disputa:
La coda de esta historia es la reunión de 2004. La película Loudquietloud – A Film About the Pixies (2005) le da carne a lo que hemos leído en la biografía oral, pero en el futuro. Las asperezas acaban siendo limadas por el dinero, aunque por lo alto.
Vemos a una Kim Deal polifacética, abstemia y carismática, muy vinculada a su familia. Un Joey Santiago entregado a su trabajo y a su familia (sus bandas sonoras para documentales contienen lo más parecido a un disco post-reunión de los Pixies que podremos oír jamás). Uno acaba preguntándose por qué Santiago nunca logró cuajar un proyecto paralelo fuerte después de os Pixies. Digamos que es un buen soldado. David Lovering sigue siendo en el fondo el empleado de Radio Shack, ahora entregado a la magia -y por un tiempo al valium, luego de la muerte de su padre. Charles Thompson sigue al mando, de manera más tranquila, muy pendiente de su carrera como solista. Todos muy cordiales, incluso a pesar de un lapsus del baterista en medio de su presentación en Chicago. Seis años más tarde siguen igual. Llevan más tiempo aprovechando su leyenda en concierto que como banda en proceso creativo real.
La leyenda se acabó. Vivan los Pixies. Vivan las fiestas.