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Anna Calvi, Bon Iver, Fleet Foxes, James Blake, John Maus, Kurt Vile, Lykke Li, My Morning Jacket, PJ Harvey, The Horrors, The Weeknd
Como saben, esto de las listas funciona como recomendación, como insignia, hasta como ejercicio de especulación controlada. Voy a proponer dos listas, una de músicos hispanoamericanos y otra de músicos del circuito anglo. Trataré de conectar con el post anterior: entre los discos que escogí voy a dejar claro cuáles son sus vínculos con el pasado y la retromanía. Sin embargo, ninguna de estas bandas recurre a fórmulas baratas de nostalgia ni a trucos de mercadeo para vender recuerdos (por eso no está Adele, esa copia blanqueada de Amy Winehouse, una brillante copia del soul Motown de comienzos de los 60). Aquí van los mejores discos anglo para comenzar (con la ayuda del caótico Grooveshark y del comercial Spotify):
James Blake – James Blake
En este disco hay una desorientadora mezcla de soul, pop preciosista y electrónica minimalista con estructura dubstep. Blake logra juntar lo mejor de todos estos mundos en su debut, creando atmósferas muy particulares que empatan de maravilla con su voz, ocasionalmente pasada por el vocoder. Lo más cercano a algo realmente original de lo que oímos por aquí este año.
My Morning Jacket – Circuital

Después de el desafortunado Evil Urges, My Morning Jacket volvió a sus mejores épocas, volvió a su querido Kentucky, intercalando himnos de estadio, baladas no tan melosas y evocaciones al alt-country que ellos ayudaron a asentar junto a Wilco hace ya una década. Americana, rock, folk y hasta soul juntos en el empaque apropiado.
The Horrors – Skying

Después de un disco como Primary Colors uno esperaría un poco más del mismo estilo, más Chameleons mezclados con Jesus and Mary Chain, pero no. Las comparaciones con Tears for Fears y Simple Minds se quedan cortas, las atmósferas y el énfasis en el ritmo sin afanes van más allá. Probablemente la culpa la tenga el otro proyecto de Faris Badwan con la soprano Rachel Zeffira, Cat’s Eyes, que consiguió otra perla sonora el año pasado.
PJ Harvey – Let England Shake
Uno de los pocos discos de este año conectado con el espíritu de los tiempos (agitados, críticos) sin mucha alharaca ni bullicio. Los referentes de PJ van aquí desde el orientalismo imperial británico a la guerra y sus consecuencias, llegando hasta las mezclas de world music y rock tan típicas de los 80. Ver a Harvey tocando este disco en vivo como un fantasma victoriano me permitió confirmar la delicada potencia de este nuevo clásico. Los que le pedían otro disco feroz como Rid of Me se pueden ir al carajo.
John Maus – We must become the pitiless censors of ourselves
Lo que puede hacer un profesor de filosofía política cuando hace música, inspirado por la ciencia ficción. Maus explota a fondo los sonidos de la electrónica análoga post punk, creando densas cortinas de sonido que van de lo poético a lo absurdo, con innumerables ecos y delays de fondo. Una joya del synthpop de comienzos de los 80, creada en 2011.
Bon Iver – Bon Iver
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Vernon, alias el astuto Bon Iver, ha sumado todo lo que ha ido aprendiendo de los artistas con los que ha trabajado desde su primer disco (For Emma, Forever Ago). Más allá del folk de su primera época, Vernon ha incorporado loops, vientos, pedales y voces pasadas por auto-tune a su sonido falsamente campirano. Todo un sentimiento, como dicen por ahí.
Lykke Li – Wounded Rhymes
Los suecos son robots sin sentimientos. Por eso esta versátil cantante repasa en este disco sus desamores al son de la rumba tribal inspirada en Bo Diddley, el pop dulce y el folk delicado, dejando expuesto su corazón en el proceso, y logrando probablemente de paso sacar un par de demonios de su pasado. Aunque tiene un pie en el comienzo de los 60, la mezcla con sonidos contemporáneos resulta refrescante y honesta.
Fleet Foxes – Helplessness Blues
Después de su primer disco, un pequeño clásico de la década anterior, podía esperarse algo menos rimbombante, menos barroco, igual de delicado pero igual de contundente. No lo hicieron. No hay nada cercano a White Winter Hymnal, pero igual celebramos su búsqueda de variaciones de la mano del barroquismo Beach Boys y la psicodelia acústica. Este disco puede tener más capas que una milhoja pero el conjunto es igual de sabroso.
The Weeknd – House of Balloons

Que viva la autogestión, compas, más si es para lograr un disco como éste -junto a sus otros dos discos hermanos. The Weekend (o Abel Tesfaye, un canadiense de ascendencia etíope) podría estar inventando el nuevo R&B de la década a punta de mixtapes difundidos por internet como si fueran memes de gatos. Las fuentes de este disco van de Cocteau Twins y Siouxsie and the Banshees al Chillwave. ¿Para qué siguen quejándose las disqueras?
Anna Calvi – Anna Calvi

Si Calvi participara en un festival vallenato, su lista de agradecimientos tendría a gente como los compadres Brian Eno y Nick Cave. Lo bueno es que Calvi va más allá de las buenas referencias. Casi una diva retro, dueña de un particular estilo en la guitarra, resulta perfecta para bandas sonoras de David Lynch. Su voz y su música son un medium que invoca y trae de vuelta al rockabilly cincuentero y al Scott Walker de los sesenta con toques de flamenco. No sólo comparte con PJ Harvey a Rob Ellis, su productor, también la potencia de su voz y los diferentes matices que puede lograr con ella. No es difícil prever buenos augurios.
Kurt Vile – Smoke Ring For My Halo

Filadelfia tiene mucho más que ofrecer que estereotipos de boxeadores. Desde su primer disco, Vile ha demostrado ser un excelente re-creador de ambientes urbanos nocturnos y densos. John Agnello, el productor de Dinosour Jr, le da una mano en el proceso con excelentes resultados.